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La inteligencia estadounidense señala que Mojtaba Jameneí dirige la estrategia militar y política de Irán, incluyendo las negociaciones con Washington para poner fin a la guerra.

La inteligencia de Estados Unidos ha concluido que el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, participa activamente en la definición de la estrategia política y militar de Teherán durante el conflicto en curso, según informó la cadena CNN citando fuentes de inteligencia. Estas fuentes indican que Jameneí lidera el país tanto en el ámbito castrense como en el político, junto a altos cargos del régimen.
De acuerdo con las evaluaciones a las que tuvo acceso la cadena, el líder supremo también interviene en la dirección de las negociaciones con Estados Unidos para poner fin a la guerra. Su comunicación, no obstante, es extremadamente limitada y se realiza al margen de medios electrónicos, mediante encuentros cara a cara o mensajes transmitidos a través de intermediarios.
En un hecho relevante, fuentes iraníes citadas por los informes de inteligencia señalan que el presidente Masoud Pezeshkian mantuvo una extensa reunión con Jameneí. Este encuentro, el primero público con un alto funcionario desde que aumentó la incertidumbre sobre su liderazgo, fue interpretado como un intento de demostrar que el centro de decisiones dentro del Estado sigue operativo.
Pese a los bombardeos estadounidenses, los informes de inteligencia estiman que las capacidades militares de Irán no se han derrumbado. Una parte considerable de las plataformas de lanzamiento de misiles sigue siendo utilizable, según las evaluaciones. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) calcula, además, que la economía iraní podría resistir varios meses más bajo el peso del bloqueo, a pesar de las crecientes presiones y su impacto en la estabilidad interna.
En Washington, la administración estadounidense sostiene que el régimen iraní sufre una "desintegración interna" que limita su capacidad para presentar una postura negociadora unificada. Funcionarios estadounidenses afirman que la continuidad de las sanciones y las operaciones militares ha provocado un retroceso significativo en las capacidades de Teherán, sin lograr un colapso total.
Por otro lado, analistas citados en los informes apuntan a que la opacidad en torno al liderazgo iraní podría ser utilizada políticamente desde dentro del propio sistema. Esto serviría tanto para redistribuir el poder como para justificar decisiones negociadoras en nombre de una máxima autoridad cuya presencia no es del todo clara.



