Cultura y sociedad
Egiptólogos identifican el nombre "dwA.ty" de un perro representado en la tumba del funcionario Oser, ampliando el registro canino del antiguo Egipto.

Investigadores especializados en egiptología han logrado descifrar la inscripción que identifica a un cánido plasmado en los muros de la sepultura de un alto cargo público del antiguo Egipto, ubicada en la necrópolis de Tebas. Este hallazgo arroja nueva luz sobre las costumbres funerarias y la simbología animal de la civilización faraónica.
Hace más de tres milenios y medio, un dignatario conocido como Oser ordenó inmortalizar a uno de sus perros bajo su asiento dentro de su propia cámara funeraria. El animal se distingue por un pelaje inusualmente ondulado y lleva una denominación que no coincide con los registros habituales, acompañada de un jeroglífico poco frecuente que reproduce la postura sentada del can.
La grafía, apenas perceptible en la superficie de la pared, ha sido interpretada ahora como "dwA.ty", lo cual se traduce como "aquel del inframundo". Chelsea Kaufman, experta en estudios egipcios, sugiere que esta referencia alude probablemente al dios Anubis, entidad divina vinculada a los cementerios, el proceso de embalsamamiento y la protección de los difuntos.
Oser ejerció funciones como escriba y director durante el reinado de Tutmosis I, perteneciente a la XVIII Dinastía. En su tumba aparecen tres animales nombrados; dos de ellos ya eran conocidos como "el Fuerte" y "el Leal". El tercero permaneció sin identificación durante mucho tiempo debido a que la talla se confundía casi por completo con el fondo de la piedra.
Kaufman incorporó este nuevo término a la lista de nombres caninos documentados en la antigüedad egipcia, elevando el total a 97 entradas. La investigación fue reportada inicialmente por el portal Archaeology News Network, según consignó el medio Rossiskaya Gazeta.
Para revelar la inscripción, la especialista aplicó software de mejora de contraste sobre los pigmentos residuales, haciendo legibles los signos jeroglíficos. Aunque existe una lectura alternativa teórica que significa "aprendiz", la académica considera esa opción menos plausible dentro del contexto mortuorio.
La apariencia física del perro es notable: posee un manto blanco con líneas rojas onduladas que evocan tanto la piel de un felino salvaje como los pliegues textiles de las vestiduras de Oser. Kaufman afirma desconocer otro ejemplo similar entre las representaciones caninas de Egipto.
Además, la marca gráfica utilizada para escribir su nombre rompe con la convención habitual. En lugar de emplear la imagen tradicional de un perro de pie, el artista talló la silueta de un animal sentado, invirtiendo la posición real mostrada en la escena principal. Un símbolo idéntico solo ha sido localizado previamente en el sarcófago de un perro datado en el periodo del Imperio Medio.
Estos elementos hacen destacar al hallazgo incluso dentro de esta modesta estructura funeraria. El estudio ofrece una perspectiva más íntima sobre el vínculo entre los antiguos egipcios y sus mascotas, indicando que ciertos propietarios buscaban integrar a animales específicos en su identidad y memoria trascendente.



