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El origen de la zurdera y la diestra: la clave está en caminar erguidos

Un estudio de Oxford sugiere que el bipedalismo y el crecimiento del cerebro explican por qué el 90% de los humanos son diestros.

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El origen de la zurdera y la diestra: la clave está en caminar erguidos
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Nueve de cada diez personas en el planeta usan preferentemente la mano derecha. Este desequilibrio, que se repite en todas las culturas y épocas, no tiene equivalente en ninguna otra especie de primate. Durante décadas, los científicos han buscado una explicación en la estructura cerebral, la genética, el uso de herramientas o la cultura, pero el enigma se mantenía intacto.

Una investigación de la Universidad de Oxford propone ahora que la respuesta está en dos cambios evolutivos que transformaron a nuestra especie más que ningún otro: caminar sobre dos piernas y desarrollar un cerebro inusualmente grande. Los autores del estudio sostienen que la preferencia por la mano derecha no surgió por un único interruptor genético, sino mediante un proceso evolutivo gradual vinculado al bipedalismo y la expansión cerebral.

“Este es el primer estudio que pone a prueba varias de las principales hipótesis sobre la lateralidad manual humana en un mismo marco”, declaró Thomas A. Püschel, profesor de antropología en Oxford y coautor del trabajo.

Un análisis de 41 especies de primates

El equipo analizó datos de lateralidad de 2.025 individuos pertenecientes a 41 especies de monos y simios. Con modelos evolutivos bayesianos, examinaron múltiples explicaciones: dieta, uso de herramientas, estructura social, hábitat, tamaño corporal y tamaño del cerebro. La lateralidad se midió con el Índice Medio de Lateralidad Manual (MHI, por sus siglas en inglés), donde los números positivos indican preferencia por la derecha.

Los humanos obtuvieron un MHI de 0,76, una cifra muy superior a la del resto de primates, que se agrupaban cerca del cero, es decir, sin una preferencia clara a nivel poblacional. “Los humanos muestran un sesgo diestro pronunciado (MHI = 0,76), que contrasta fuertemente con la predicción filogenética del modelo reducido que excluye a los humanos (MHI = 0,0)”, señalan los autores en el estudio publicado en PLOS Biology.

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Los humanos eran la única especie con un sesgo hacia la derecha fuerte y estadísticamente fiable. Sin embargo, el panorama cambió cuando los investigadores añadieron dos variables a sus modelos: el tamaño del cerebro y el ‘índice intermembral’, que compara la longitud de los brazos con la de las piernas. Los humanos tenemos piernas inusualmente largas en comparación con los brazos, un rasgo distintivo de la marcha bípeda. Al incluir estos dos factores, los humanos dejaron de parecer evolutivamente excepcionales.

Dos fases evolutivas: primero el bipedalismo, luego el cerebro

Los investigadores proponen una explicación en dos etapas. La primera fue el bipedalismo. Cuando los primeros ancestros humanos comenzaron a caminar erguidos, sus manos quedaron liberadas de la locomoción. Esto probablemente generó una nueva presión evolutiva para un uso especializado de las manos en tareas como transportar objetos, manipular herramientas o hacer gestos. El estudio halló que la locomoción influye fuertemente en los patrones de lateralidad entre los primates. Por ejemplo, las especies arborícolas suelen mostrar preferencias manuales más marcadas porque moverse entre las ramas exige movimientos precisos y coordinados. Los humanos habrían llevado ese patrón en otra dirección: caminar erguidos permitió una especialización creciente de una mano sobre la otra.

La segunda fase llegó más tarde, con la expansión del cerebro. Mediante modelos evolutivos, los investigadores estimaron la lateralidad en parientes humanos extintos. Homínidos tempranos como Ardipithecus y Australopithecus probablemente tenían preferencias diestras débiles, similares a las de los simios actuales. Sin embargo, el sesgo se fortaleció en especies como Homo erectus y los neandertales, antes de alcanzar su extremo moderno en Homo sapiens. “Es con la aparición del género Homo, y particularmente con el inicio de una encefalización significativa, cuando observamos un aumento marcado en los valores de MHI”, añaden los autores.

Una excepción notable fue Homo floresiensis, la especie de ‘hobbit’ de cerebro pequeño descubierta en Indonesia. Los modelos predijeron una lateralidad mucho más débil en esta especie, posiblemente porque conservaba adaptaciones tanto para trepar como para caminar erguida.

Preguntas abiertas sobre la zurdera

El estudio sugiere que la preferencia por la mano derecha podría estar profundamente arraigada en los mismos cambios evolutivos que transformaron la forma de moverse e interactuar de nuestros antepasados. No obstante, quedan preguntas importantes sin respuesta. Los científicos aún no saben por qué la zurdera sobrevivió a lo largo de la evolución humana, ni cuánto contribuyó la cultura a reforzar el dominio de la mano derecha con el tiempo. “Los humanos somos únicos en mostrar una evolución cultural acumulativa, que puede amplificar o estabilizar las asimetrías de comportamiento”, señalan los autores.

Los investigadores también indican que futuros estudios podrían investigar si las preferencias de extremidades en animales como loros o canguros evolucionaron mediante presiones similares, lo que revelaría que comportamientos análogos a la lateralidad manual surgieron de forma independiente en distintas ramas del reino animal.

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