Cultura y sociedad
El rol parental en la universidad: tres cambios clave
Jenny Fernandez propone tres ajustes para que los padres apoyen la independencia universitaria sin resolver problemas por sus hijos.

Sabrina, una estudiante de primer año, resume el sentimiento general al afirmar que la universidad es emocionante pero requiere aprender a sobrevivir. En su voz se perciben tanto la ansiedad como la ilusión. Ella desea tomar decisiones propias, aunque también reconoce la magnitud de las responsabilidades que asumirá. Este escenario ilustra la transición crítica que enfrentan muchos jóvenes adultos y sus familias.
De arquitecto a socio pensante
Durante casi dos décadas, los padres han diseñado las condiciones para el éxito de sus hijos. Al comenzar la universidad, esa carga recae sobre el estudiante. Como profesora y entrenadora de liderazgo, Jenny Fernandez sostiene que esta etapa ofrece una independencia respaldada. Los alumnos gozan de mayor libertad, pero cuentan con asesores académicos, servicios de salud y consejería. El objetivo no es abandonar al hijo, sino modificar la dinámica de apoyo.
Cuando un hijo adulto envía un mensaje con un problema, la tendencia natural es ofrecer la solución. Fernandez recomienda evitar esto. En su lugar, sugiere preguntar qué han intentado hasta ahora, cómo funcionó ese enfoque o qué información podría faltarles. Si otra persona está involucrada, conviene indagar cómo podrían ver ellos la situación o qué esperan. Ayudar a explorar opciones sin elegir por ellos fomenta habilidades de resolución. La experiencia parental sigue siendo valiosa, pero el consejo debe ser menos automático; primero, darles la oportunidad de encontrar la respuesta.
Construir redes propias
Antes de la universidad, la comunidad del niño estaba estructurada por los padres, quienes elegían escuelas, actividades y transporte. Ahora, los estudiantes deben desarrollar iniciativa social y capacidad para pedir ayuda. El rol parental consiste en fomentar estos comportamientos sin crear las conexiones directamente. En vez de investigar clubes por ellos, pregúntales dónde podrían conocer gente con intereses similares o quién en la escuela podría ayudarles si tienen dificultades.
Aprender a construir un sistema de apoyo saludable es una habilidad transferible a futuros empleos o mudanzas. Una pregunta reveladora es: ¿a quién acudirías si necesitaras ayuda? Esto permite evaluar su red actual sin imponer soluciones externas.
Gestionar sistemas personales
Un estudiante puede ser talentoso académicamente y aún así tener problemas por no haber creado nunca sus propios sistemas de soporte. La libertad expone dónde alguien más proporcionaba estructura. Para aumentar la resiliencia, esencial para el éxito académico, se recomienda hacer preguntas reflexivas: ¿qué sistema usas para controlar fechas límite?, ¿qué aprendiste de tu preparación para este examen?, ¿qué falló? y ¿qué harás diferente la próxima vez?
Si el hijo pierde una fecha límite y el padre comienza a recordar todas las futuras, vuelve a ser el sistema. En cambio, entender por qué ocurrió y crear un mejor enfoque enseña autogestión. Es crucial distinguir entre incomodidad y angustia. La primera suele requerir coaching; la segunda, intervención profesional ante señales de malestar emocional significativo o incapacidad funcional. Dar espacio para luchar no significa desaparecer, sino elegir deliberadamente el tipo de apoyo necesario.
Transferir capacidades completas
Los padres han provisto estrategia, estructura, recursos, motivación y juicio durante años. La universidad inicia la transferencia gradual de estas capacidades mediante cientos de pequeños momentos. La decisión constante es: ¿dar la respuesta o ayudar a encontrarla? ¿construir la estructura o ayudar a crearla? ¿evitar el error o permitir aprender de él? Esta evolución exige que los padres observen a sus hijos luchar con problemas que ellos saben resolver y acepten decisiones diferentes a las suyas. El rol no desaparece, simplemente evoluciona.





