Cultura y sociedad
Estudio revela que la red vial romana no tenía a Roma como centro
Una investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona analiza 300.000 km de calzadas romanas y demuestra que ciudades como Ankara, Bizancio y Antioquía eran más centrales que Roma en la red vial del Imperio.

Una nueva investigación cuestiona la idea extendida de que todas las calzadas romanas convergían físicamente en Roma como centro geométrico de la red. El estudio, publicado en la revista Nature Communications, muestra que la infraestructura vial del Imperio era mucho más compleja, multicéntrica y adaptada al relieve local que lo que sugiere la frase popular “todos los caminos llevan a Roma”.
Red vial multicéntrica y adaptada al terreno
Los investigadores analizaron 300.000 kilómetros de vías romanas dentro del territorio imperial anterior, reconstruyendo la red con un modelo digital denominado “Itiner-e”. Esta herramienta generó la imagen más detallada hasta la fecha de cómo se estructuraba el sistema viario hace aproximadamente 2.000 años. La red abarcaba 1,5 millón de millas cuadradas, desde el norte de Inglaterra hasta Francia, España, Grecia, Turquía y partes del norte de África.
El autor principal, el doctor Adam Bazzotti, de la Universidad Autónoma de Barcelona, explicó que los ingenieros romanos diseñaban sus calzadas ajustándose activamente a la topografía. Aunque preferían trazados rectilíneos cuando el terreno lo permitía, las montañas, valles, ríos, asentamientos y obstáculos naturales condicionaban significativamente los recorridos. Para superar esas barreras, emplearon técnicas como terraplenes, cortes en roca, muros de contención y puentes.
Ankara, Bizancio y Antioquía superaron a Roma en centralidad
El análisis identificó cuatro características geográficas clave: pendiente máxima promedio, altitud, orientación y grado de “rectilineidad”. Al compararlas con las carreteras modernas en las mismas zonas, los científicos hallaron que las vías romanas eran menos rectas en regiones montañosas del sureste de Europa, mientras que mostraban mayor linealidad en las llanuras del oeste europeo y del norte de África.
Los resultados indicaron que ciudades como Antioquía, Ankara y Bizancio —todas ubicadas en el actual territorio turco— ejercían una mayor centralidad funcional dentro de la red que la propia Roma. Esto refleja una organización práctica basada en necesidades logísticas, administrativas y militares, más que en un diseño simbólico centrado en la capital.
La construcción de la carta “Itiner-e”
Para elaborar la representación cartográfica “Itiner-e”, el equipo utilizó registros arqueológicos, fuentes históricas, mapas topográficos y fotografías satelitales. Parte fundamental del trabajo se basó en las “piedras miliarias”: marcadores pétreos colocados periódicamente a lo largo de las vías por los romanos, muchos de los cuales aún permanecen in situ. También se incorporaron restos de estaciones de posta y descanso conocidas como mansiones.
La versión final de la carta representa la situación de la red vial en el año 150 d.C., momento de máximo esplendor del Imperio, que entonces se extendía desde la Britania actual hasta Egipto y Siria, y albergaba a más de 55 millones de personas. Sobre estas calzadas circulaban personas, tropas, alimentos, vino y equipos militares, transportados mediante carros y caballería.
Los autores subrayan que las calzadas romanas no fueron meros corredores de transporte, sino infraestructuras que estructuraron el flujo de personas, comercio, tecnología y creencias. Comprender su funcionamiento ofrece una nueva perspectiva sobre cómo la infraestructura física puede moldear sociedades y cómo decisiones tomadas hace dos milenios siguen influyendo en los entornos donde vivimos hoy.
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