Cultura y sociedad
Cheryl Fraser recomienda cultivar el deseo receptivo y programar la sensualidad para superar la caída del deseo espontáneo.

La doctora Cheryl Fraser sostiene que esperar a sentirse "de humor" para tener relaciones sexuales puede estancar a las parejas a largo plazo. En su análisis, publicado el 8 de octubre de 2026, la especialista argumenta que la solución no reside en aguardar un impulso espontáneo, sino en desarrollar lo que denomina "deseo receptivo". Esta estrategia permite reconstruir una vida erótica activa incluso cuando la pasión inicial ha disminuido con el paso de los años.
Muchas parejas asumen erróneamente que deben hacer el amor solo cuando el deseo surge primero, recordando los días iniciales donde un beso bastaba para encender la pasión. Sin embargo, este tipo de motivación, conocida por los terapeutas como deseo espontáneo, tiende a volverse menos frecuente con el tiempo. Si nadie toma la iniciativa, las semanas se convierten en meses y la relación sexual desaparece casi por completo. Fraser revela que hasta el 35% de las parejas de larga duración que entrevistó (más de 40.000 casos) no mantienen relaciones sexuales.
La experta ilustra esta problemática con el caso de una pareja que dejó de intimar en sus cuarenta años y retomó la conexión en sus setenta tras participar en su programa online "Become Passion". Durante décadas, evitaban verse desnudos al cambiarse de ropa por separado. Tras trabajar la comunicación y la emoción mediante su modelo de "tres llaves para la pasión", recuperaron la intimidad física e incluso caminaban desnudos por casa. Este ejemplo demuestra que, independientemente de la edad o del tiempo sin sexo, siempre existe esperanza para reconstruir la conexión sensual.
Fraser explica que el deseo espontáneo fue intenso durante sus primeros años de matrimonio, llegando a programar encuentros matutinos antes de ir al trabajo. No obstante, la menopausia redujo drásticamente esa motivación automática, una experiencia común tanto en hombres como en mujeres debido a cambios hormonales, responsabilidades y niveles de energía. Aquí entra en juego el segundo tipo de motivación: el deseo receptivo. A diferencia del anterior, este requiere una acción deliberada para generar excitación, partiendo de lo que la investigadora Rosemary Basson describe como "neutralidad sexual".
Bajo este enfoque, la persona decide iniciar un encuentro sensual valorando la conexión, sabiendo que disfrutará una vez comience, o simplemente porque es beneficioso para la relación. Al empezar a besar, tocar o abrazar, la mente se interesa y el cuerpo responde, permitiendo que el placer crezca progresivamente. El deseo emerge después de comenzar la interacción, actuando como resultado de la conexión y no como su causa previa.
Aunque la idea de programar el sexo puede parecer poco romántica, Fraser insiste en que es necesaria para mantener una relación erótica consistente. Si la penetración parece un salto demasiado grande, recomienda agendar otras formas de sensualidad placentera, como duchas juntos, masajes o caricias. El objetivo no es convencerse a sí mismo de tener sexo, sino crear oportunidades para redescubrir el tacto y la conexión, practicando la creación del deseo en lugar de esperar pasivamente a que aparezca.
La autora compara este proceso con asistir al gimnasio: rara vez nos despertamos emocionados por levantar pesas, pero vamos porque sabemos que nos sentiremos mejor después. De manera similar, uno puede comenzar pensando que no tiene ganas, pero al iniciar el contacto físico, el cuerpo responde y la mente se involucra. La conclusión final es clara: en lugar de esperar a que el deseo salve la vida sexual, hay que darle al deseo receptivo un punto de partida activo.