Cultura y sociedad
El uso generalizado de expletivos responde a circuitos cerebrales específicos y ha aumentado por la normalización mediática, según un análisis neurológico.

El incremento nacional en el empleo de palabras soeces obedece a mecanismos cerebrales diferenciados y a una transformación cultural profunda. Los expletivos se procesan mediante circuitos neuronales distintos a los del lenguaje ordinario, lo que explica su persistencia incluso ante intentos vigorosos de supresión. Esta automatización convierte a estas expresiones en hábitos difíciles de erradicar, aunque pueden modular favorablemente las respuestas corporales y emocionales.
La palabra "expletivo" proviene del latín expletivus, que significa "servir para ocupar espacio". Tradicionalmente, su uso estaba prohibido salvo en conversaciones informales entre personas de confianza. Esta distinción rígida quedó patente durante la transcripción de las cintas de la Oficina Oval de Richard Nixon, donde la frase "expletivo eliminado" reflejaba las costumbres de la época. Desde entonces, la tolerancia hacia estos términos ha cambiado notablemente.
Un ejemplo reciente de esta evolución ocurrió durante una sesión del Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales del Senado el 29 de julio de 2026. El senador Bernie Moreno (R-Ohio) relató un incidente de 2020 en el que arrestaron a una madre de Ohio por negarse a usar mascarilla en un partido de fútbol escolar. Dirigiéndose al testigo, el doctor Anthony Fauci, Moreno preguntó: "Aquí estoy sentado frente a usted seis años después diciendo, ¿quién demonios creía que era usted por hacer eso?". Cuando un término antes censurado alcanza estatus de discurso civil aceptable en el Senado, su uso en contextos menos formales resulta comprensible.
Sin embargo, algunos hablantes no usan los tacos como mero relleno, sino que los emplean excesivamente. En una conversación escuchada recientemente en una cafetería, un individuo dijo: "Llegué a nuestra reunión y él no estaba. Entonces decidí que no iba a quedarme todo el día. Pensé en llamarlo, pero luego pensé: Que se vaya al diablo. Me voy a llevarme yo mismo de vuelta a la residencia". Para estas personas, el uso se vuelve tan automático que resulta muy difícil de romper.
Los expletivos pueden expresarse voluntaria o involuntariamente, implicando siempre una secuencia lingüístico-motora altamente practicada. La coprolalia, compulsión a decir palabras obscenas ante otros, ilustra la tensión interna entre el impulso de gritar y el deseo simultáneo de suprimirlo. En el síndrome de Tourette, esta lucha puede generar una parálisis frenética de la voluntad basada en la afirmación y negación simultáneas de dichas palabras.
Estudios de imagen cerebral han demostrado que los circuitos asociados con el Tourette y el uso repetitivo de expletivos incluyen los ganglios basales, el tálamo, las áreas motoras, la corteza cingulada y el sistema inhibitorio prefrontal. En condiciones normales, este circuito impide que el expletivo llegue a la expresión vocal gracias al efecto inhibitorio de la corteza prefrontal.
Debido a esta red neuronal especializada, los tacos pueden sobrevivir a daños neurológicos que afectan gravemente las vías del lenguaje cotidiano. Una persona afásica puede ver su habla deteriorada hasta consistir solo en intentos guturales incomprensibles, mientras que los expletivos permanecen accesibles. Un clérigo atendido tras un accidente cerebrovascular hablaba principalmente en tacos; cada vez que se escuchaba, se agitaba y deprimía por su incapacidad para suprimirlos. Su dilema surgía porque el daño en el hemisferio izquierdo, sede de los centros del habla, interfería con la capacidad de usar expletivos, indicando que estos se almacenan y recuperan mediante circuitos diferentes a los del habla normal.
El hemisferio derecho y el sistema subcortical son cruciales para el lenguaje formulaico: palabras u frases sobreaprendidas por repetición constante, como nombres propios, versos de oraciones, líneas del himno nacional, clichés, charla trivial y, especialmente, los expletivos. El cerebro trata estas palabras de manera distinta al establecer un vínculo fuerte entre los términos y los circuitos que median las emociones, origen que se remonta a las prohibiciones familiares tempranas contra el lenguaje considerado obsceno.
El aumento en el uso de expletivos paraleliza la expansión de los servicios de streaming televisivo frente al cine tradicional. Las normas aplicadas difieren significativamente. Según la Guía del Consumidor de la Comisión Federal de Comunicaciones, "las mismas reglas sobre indecencia y profanidad no se aplican a la televisión por cable, satélite y radio satelital porque son servicios de suscripción". Esta dispensa permite a las plataformas de streaming utilizar lenguaje soez con mayor libertad, algo evidente para quien observe producciones recientes.
Los expletivos poseen características beneficiosas, como alterar positivamente las respuestas físicas y emocionales. En un experimento clásico midiendo cuánto tiempo podía mantenerse una mano sumergida en agua helada, el 73 % de los participantes que juraron durante la inmersión aumentaron su tiempo en el agua fría unos 30 segundos. Otro estudio mostró que repetir la palabra "mierda" incrementó el umbral del dolor ante el hielo en un 32 % y la tolerancia al dolor en un 33 %, comparado con quienes repetían otras palabras comenzadas por F sin ser expletivos.
No obstante, estos efectos favorables desaparecen eventualmente para el usuario habitual. La actividad aumentada en la amígdala y la corteza prefrontal también se disipa si el expletivo se repite endlessly de forma mecánica. Como justicia poética, el usuario inveterado termina penalizándose a sí mismo: se espera que soporte más dolor en el futuro, jure o no.
Fuentes citadas: Hay Carlie M et al. (2024) Front. Psychol.; Samuel J Hansen et al. (2019) Social Cognitive and Affective Neuroscience; UT Southwestern Medical Center Brain Circuits Laboratory (2026); Stephens R, Umland C. (2011) J Pain.



