Cultura y sociedad
El auge de cuentos para niños creados con inteligencia artificial genera críticas entre padres y expertos, quienes alertan sobre la sustitución de narrativas humanas y cuestionan su calidad, ética y efecto en el desarrollo infantil.

El creciente número de libros y cuentos infantiles producidos mediante inteligencia artificial ha desatado un intenso debate público. Algunas familias ya los ofrecen como regalos a los niños, lo que ha reavivado preocupaciones acerca de la posible sustitución de relatos humanos —construidos sobre creatividad y experiencia personal— por textos generados algorítmicamente.
Según un informe publicado por Digital Trends, ciertos abuelos están utilizando herramientas de inteligencia artificial para elaborar cuentos a medida para sus nietos. Estas historias se basan en sucesos reales del día a día de los menores e incluyen nombres de miembros de la familia, así como personajes visualmente similares a los niños, con el fin de incrementar su cercanía emocional.
Varias declaraciones recogidas por la revista WIRED revelan que numerosos progenitores califican esta práctica como “molesta”. Algunos la consideran “éticamente inaceptable”, especialmente ante la proliferación de títulos similares comercializados en tiendas en línea sin una revisión editorial clara ni mecanismos de control de calidad.
El fenómeno no se limita al segmento de libros para niños. El informe señala que múltiples industrias enfrentan desafíos crecientes derivados del volumen de contenido de baja calidad generado por inteligencia artificial. Entre ellas figuran la industria musical —que exige etiquetado obligatorio para obras creadas con IA—, las editoriales —cada vez más cautelosas ante manuscritos redactados automáticamente—, las revistas científicas —que reciben una cantidad elevada de artículos generados por IA— y el sector del software —donde se observa un aumento en aplicaciones desarrolladas rápidamente mediante asistentes de IA, acompañado de advertencias sobre seguridad y fiabilidad.
El informe destaca una contradicción estructural: algunas de las empresas más influyentes en el desarrollo de inteligencia artificial también poseen las plataformas digitales de mayor alcance para la distribución de contenidos. En ese contexto, Amazon ha sido objeto de críticas por la presencia masiva de libros de baja calidad escritos con IA en su tienda en línea. Desde 2022, la compañía lanzó la función “Create with Alexa”, que permite a los usuarios generar cuentos para niños antes de dormir, integrando ilustraciones y animaciones. En 2026, amplió las capacidades de Alexa para incluir la producción automática de podcasts sobre cualquier tema.
Otra dimensión del problema es el crecimiento acelerado de material dirigido a menores en plataformas como YouTube, donde aumenta de forma notable la proporción de videos generados íntegramente con inteligencia artificial. Esto ha generado interrogantes sobre la idoneidad, coherencia y efecto pedagógico de dicho contenido, mientras las empresas tecnológicas aceleran la integración de herramientas de IA en todos sus servicios.
Aunque estas tecnologías permiten producir material educativo o lúdico con rapidez, los críticos subrayan que su uso excesivo puede erosionar la creatividad humana y comprometer la calidad narrativa, elemento clave en la formación del imaginario infantil y en su desarrollo cultural.
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