Cultura y sociedad
Estudios recientes revelan que los fuegos artificiales generan contaminación persistente en el aire y el agua tras su uso en eventos.

Investigaciones recientes muestran que los fuegos artificiales dejan una huella oculta de contaminación en el aire y el agua mucho tiempo después de su detonación final.
Estos espectáculos pirotécnicos, que impresionan con colores vivos y explosiones sonoras, generan efectos que perduran más allá del evento. Tres estudios publicados en revistas de la American Chemical Society (ACS) analizaron los residuos que dejan, desde basura y partículas en suspensión hasta compuestos químicos liberados en la atmósfera. En conjunto, estos trabajos ofrecen una visión más clara sobre cómo los fuegos artificiales afectan la salud ambiental y humana.
Tras su combustión, los fuegos artificiales dejan materiales desechados que incluyen combustible parcialmente quemado, aditivos, sales metálicas y empaques carbonizados. Un estudio de laboratorio publicado en Environmental Science & Technology reveló que estos residuos pueden modificar significativamente la química del agua si llegan a lagos o ríos.
Los investigadores detectaron que los restos liberan iones metálicos como potasio y manganeso, además de materia orgánica disuelta, incluyendo fenoles simples y compuestos que contienen azufre. Al mismo tiempo, el material sólido remanente absorbió otras sustancias disueltas presentes en el agua, especialmente aquellas de mayor tamaño y complejidad.
Los científicos advierten que estos cambios químicos podrían afectar las comunidades microbianas y los ecosistemas acuáticos, sobre todo en zonas donde se utilizan fuegos artificiales con frecuencia o a gran escala. La recolección y disposición adecuada de los restos podría mitigar estos impactos ambientales.
Las grandes celebraciones generan contaminación atmosférica procedente de múltiples fuentes, lo que dificulta cuantificar la aportación específica de los fuegos artificiales. Para entender mejor esta cuestión, un equipo de investigadores monitoreó las partículas en suspensión durante un evento deportivo de varios días en el Reino Unido, según reportaron en ACS ES&T Air.
El grupo observó aumentos temporales en partículas gruesas y finas en el aire. Gran parte de la contaminación provenía de emisiones de cocinas móviles y polvo levantado por vehículos. Sin embargo, durante las ceremonias de apertura y clausura se registraron dos picos distintos en partículas finas: el primero asociado a la llegada de las multitudes y el levantamiento de polvo, y el segundo, de menor intensidad, coincidente con los fuegos artificiales.
Con base en estas mediciones, los investigadores estimaron que los asistentes a todos los eventos habrían superado los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud para la exposición a contaminantes atmosféricos. Estos resultados indican que las celebraciones multitudinarias pueden ser una fuente significativa de exposición a partículas finas.
Además del humo visible, los fuegos artificiales pueden contribuir a la formación de neblina mediante compuestos menos evidentes. Algunas formulaciones contienen aminas, sustancias que reaccionan en la atmósfera para formar aerosoles que deterioran la calidad del aire.
Para determinar si estas aminas se destruyen durante las explosiones o se liberan al ambiente, científicos midieron gases y partículas en suspensión durante las celebraciones del Año Nuevo Lunar en una zona suburbana de China. Publicados en Environmental Science & Technology Letters, sus resultados mostraron aumentos marcados en varias aminas en comparación con periodos sin celebraciones, especialmente durante los mayores espectáculos pirotécnicos. También detectaron incrementos en otros contaminantes relacionados con los fuegos artificiales, como partículas finas y iones de sulfato y potasio.
Los autores concluyen que los fuegos artificiales aportan más que humo visible a la neblina que puede persistir tras los festejos.
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