Cultura y sociedad
Meta acuerda pagar 18.000 millones por prácticas adictivas en redes
Veintinueve estados estadounidenses demandaron a Meta por diseñar intencionalmente sus plataformas para generar adicción entre menores; la empresa aceptó un acuerdo de 18.000 millones de dólares y restricciones de uso nocturno y duración para jóvenes.

Plataformas como Facebook, YouTube y TikTok enfrentan crecientes críticas por su modelo de negocio centrado en retener la atención del usuario mediante el desplazamiento continuo, recomendaciones personalizadas y notificaciones constantes. Este diseño impulsa ingresos publicitarios masivos, pero también se vincula con daños psicológicos graves, especialmente en adolescentes.
En el año pasado, Meta —propietaria de Facebook— registró ingresos publicitarios récord de 196.200 millones de dólares estadounidenses (168.300 millones de euros), gracias a su capacidad para mantener a usuarios y usuarias conectados prolongadamente a sus pantallas.
El modelo ha generado una oleada de acciones legales y regulaciones restrictivas. Varios países ya prohíben el acceso de menores de 16 años a redes sociales. En Estados Unidos, 29 estados —entre ellos California, Colorado y Nueva Jersey— presentaron una demanda contra Meta a principios de este mes, acusándola de haber diseñado deliberadamente sus plataformas para fomentar la adicción entre los jóvenes.
Un acuerdo de conciliación revelado el miércoles establece que Meta pagará hasta 18.000 millones de dólares (15.500 millones de euros) a 47 estados, al Distrito de Columbia y a territorios estadounidenses. Además, la compañía firmó un acuerdo separado con Texas por mil millones de dólares (860 millones de euros). Como parte de los compromisos, Meta aplicará límites de tiempo de uso y una prohibición nocturna para usuarios menores de edad.
La brecha entre regulación y velocidad tecnológica
Aunque gobiernos de todo el mundo han reforzado normativas en los últimos años, los legisladores luchan por seguir el ritmo acelerado de la innovación tecnológica. Estudios amplios señalan una relación entre el uso de redes sociales por parte de adolescentes y el aumento de ansiedad, depresión e insatisfacción corporal.
Documentos internos de Meta divulgados públicamente en 2021 confirman que investigadores de la propia empresa identificaron vínculos entre el uso de Instagram y una imagen corporal distorsionada, así como afectaciones a la salud mental de algunas adolescentes.
Según Sensor Tower, los adolescentes estadounidenses pasaron aproximadamente 90 minutos diarios navegando en TikTok durante 2025. Pruebas realizadas en 2023 por organizaciones como Amnistía Internacional mostraron que las algoritmos de la plataforma, en ciertos casos, recomiendan a usuarios que buscan contenido sobre salud mental vídeos relacionados con depresión o autolesión.
Estándares de seguridad obligatorios para plataformas digitales
Camille Carlton, directora de estrategia e impacto del Center for Humane Technology, afirmó a DW: «Empresas de esta magnitud, cuyo impacto en la vida de las personas es tan profundo, deben cumplir con estándares básicos de seguridad».
«Esta idea no es radical», añadió. «Es exactamente el mismo criterio que aplicamos a otros productos: automóviles, medicamentos o juguetes infantiles».
Avances legislativos para proteger a menores en línea
Tras años de estancamiento, crece el respaldo bipartidista en Estados Unidos al proyecto de ley «Ley de Seguridad Infantil en Internet». La propuesta exige que las configuraciones de seguridad más estrictas se activen por defecto para cuentas de menores, otorgando a los padres mayores opciones de control sobre las actividades en línea de sus hijos.
El psicólogo social Jonathan Haidt, autor de «La generación del miedo», declaró en el podcast «The Conversation», emitido la semana pasada por Politico: «La tecnología avanza a una velocidad tan alta, y las señales de daño se acumulan tan rápidamente, que soy muy optimista respecto a la aprobación de una ley significativa en la próxima sesión del Congreso».
La norma podría definir con precisión el alcance de la responsabilidad de las grandes empresas tecnológicas para prever daños previsibles y desarrollar funciones adecuadas que los eviten. Carlton también insta a someter las redes sociales a las leyes estadounidenses de protección al consumidor y responsabilidad por productos.
Alternativas de modelo comercial y su viabilidad
En Alemania, Cornelia Sindermann, profesora de psicología en la Universidad Charité-Freie Universität de Heidelberg, realizó en 2024 un estudio sobre la disposición de los usuarios hacia modelos alternativos de redes sociales. Entre ellos figuran versiones basadas exclusivamente en suscripciones, sin publicidad —un sistema que Meta está probando en los 27 países de la Unión Europea y en el Reino Unido para Facebook e Instagram.
Sindermann concluyó que más de la mitad de los adultos y dos tercios de los adolescentes estarían dispuestos a pagar por una versión de una plataforma como Facebook gestionada bajo supervisión pública y con medidas de seguridad sustancialmente más rigurosas.
No obstante, aunque las redes sociales «están reinventando partes de su modelo de negocio y explorando nuevas fuentes de ingresos», Sindermann expresa dudas sobre si estas alternativas lograrán desplazar a las plataformas más populares.
El desafío regulatorio del gasto masivo en inteligencia artificial
Otro obstáculo para los reguladores es que las propias plataformas, usadas por miles de millones de personas, invierten cientos de miles de millones de dólares en proyectos avanzados de inteligencia artificial.
Algunos observadores destacan que los datos recopilados a través de redes sociales ofrecen perspectivas valiosas sobre el comportamiento real de los usuarios, lo cual resulta altamente útil para el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial.
Los gigantes tecnológicos ganan poder cada día, y sus nuevos proyectos de inteligencia artificial resultan igual de difíciles de regular. Expertos advierten con creciente preocupación que las mismas prácticas problemáticas que definieron las redes sociales ahora se están integrando en productos de inteligencia artificial más eficientes.
«Mientras las redes sociales compiten por nuestra atención, la inteligencia artificial ya puede influir en nuestro pensamiento, conducta y relaciones de maneras casi inimaginables», señaló Carlton.
Y advirtió: «Si los incentivos que hacen exitoso un producto no coinciden con el bienestar humano, no podemos esperar que las empresas prioricen el interés público por sí mismas».
Últimas noticias

Explosión en estación de tren de Augsburgo deja dos heridos leves

Aoun discutió con Joumblatt sobre comunicaciones para definir el futuro de la UNIFIL

William y Kate priorizan la calma tras el regreso de Harry al Reino Unido


