Cultura y sociedad
La pérdida del sentido del olfato puede ser un indicador precoz de enfermedades neurodegenerativas y trastornos psiquiátricos, según recientes investigaciones.

La pérdida del sentido del olfato se considera un indicador sanitario relevante que podría revelar de forma anticipada la presencia de enfermedades neurológicas y psiquiátricas graves, según estudios recientes.
Estas investigaciones señalan que la disminución o ausencia del olfato podría constituir uno de los primeros signos de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, dado que las alteraciones en los bulbos olfativos se manifiestan mucho antes de los síntomas evidentes, debido a la acumulación de proteínas tóxicas en estas estructuras.
Los científicos continúan explorando mecanismos similares en patologías como el Alzheimer y la demencia asociada a cuerpos de Lewy.
Las estadísticas indican que hasta un 22% de la población presenta algún trastorno relacionado con el sentido del olfato, lo que incluye desde una reducción en la capacidad olfativa hasta su pérdida total, distorsión en la percepción de los olores o la sensación de aromas inexistentes.
El interés científico en este campo aumentó considerablemente tras la pandemia de COVID-19, que ha provocado aproximadamente 780 millones de casos confirmados desde diciembre de 2019. Cerca del 60% de los pacientes recuperados experimentaron pérdida del olfato, lo que impulsó a los investigadores a ampliar el estudio sobre la conexión entre el sistema olfativo y el cerebro.
La doctora Zara Batil, especialista en trastornos del olfato y el gusto, afirmó que las alteraciones en el sistema nervioso central suelen manifestarse frecuentemente a través de problemas en el sentido del olfato.
Explicó que los investigadores han asociado estas disfunciones olfativas a aproximadamente 139 enfermedades, aunque los mecanismos exactos de esta relación continúan en investigación. Añadió que pacientes con depresión, esquizofrenia o trastorno del espectro autista suelen presentar también deficiencias en la capacidad olfativa.
Los científicos atribuyen la estrecha conexión entre los olores, las memorias y las emociones al hecho de que las señales olfativas se transmiten directamente al sistema límbico del cerebro, evitando el tálamo.
El descubrimiento realizado por los científicos Linda Buck y Richard Axel, quienes identificaron cerca de 1000 genes responsables de codificar los receptores olfativos, representa un hito en la comprensión del funcionamiento de este sentido. Por este logro recibieron el Premio Nobel de Medicina en 2004.
En cuanto a tratamientos, los estudios sugieren que el entrenamiento olfativo mediante la exposición repetida a aromas como limón, rosa, clavo y eucalipto puede ayudar a algunos pacientes a recuperar su capacidad olfativa.
Una revisión exhaustiva publicada en 2024, que analizó los resultados de 36 investigaciones, reportó mejoras significativas en un rango del 30% al 50% de los participantes, especialmente cuando el entrenamiento se combinó con el lavado de los senos paranasales usando esteroides.
Asimismo, existen evidencias que indican que la práctica regular de ejercicio físico podría contribuir a mejorar las funciones cognitivas y aliviar los síntomas depresivos.
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