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Un boleto para la final del Mundial 2026, con una visibilidad pésima, se ofrece en reventa por 11,5 millones de dólares, desatando la indignación global.

La indignación entre los aficionados al fútbol de todo el mundo no cesa ante los precios desorbitados de las entradas para el Mundial de 2026. Una entrada para la gran final, que se disputará el 19 de julio de 2026 en el MetLife Stadium de Nueva Jersey (EE.UU.), ha aparecido a la venta por 8,5 millones de libras esterlinas, equivalentes a 11,5 millones de dólares. Lo más llamativo es que, según el diario británico The Sun, el asiento en cuestión está clasificado como uno de los peores del estadio en cuanto a visibilidad del terreno de juego.
La plataforma oficial de reventa de la FIFA ha sido el canal por el que se ha puesto a la venta este boleto. Se encuentra en la grada 307, fila 22, asiento 12, una zona considerablemente alejada del campo en un recinto con capacidad para más de 82.000 espectadores. La conmoción entre los seguidores aumentó al difundirse imágenes que mostraban el ángulo de visión tan limitado desde esa localidad.
Estados Unidos, Canadá y México son los anfitriones de la próxima edición del torneo. Sin embargo, el creciente debate sobre el coste de las entradas está eclipsando el ambiente futbolístico a semanas del inicio del campeonato. La FIFA es acusada reiteradamente de fijar precios excesivos y de convertir el evento en un gigantesco negocio alejado de los aficionados.
La FIFA había establecido un precio máximo oficial de 1.550 dólares (unos 1.174 libras) para la final. No obstante, los precios se han disparado tras abrirse el periodo de reventa. Se han visto entradas de categoría 1 por más de 10.000 dólares, y algunas de categoría 3 han alcanzado los 5.800 dólares. Los informes indican que los precios han subido un 38% desde diciembre pasado, pasando algunas entradas de unos 2.790 dólares a más de 5.700 en la actualidad.
Las cifras han provocado una oleada de indignación en las redes sociales. Numerosos aficionados califican la situación como una explotación descarada. Otros opinan que el fútbol ha dejado de ser un deporte para las clases populares y que el torneo se ha convertido en un evento exclusivo para los más ricos.
“Esto ha ido más allá de la broma, lo que está pasando es una vergüenza de codicia”, escribió un seguidor. “El juego bonito se acabó”, sentenció otro. Un tercero añadió: “El fútbol ya no está al alcance de la gente común como antes”.
Pese a las críticas generalizadas, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha salido en defensa de los elevados precios. El dirigente sostiene que las cifras astronómicas que aparecen en las plataformas de reventa no reflejan el precio real de las entradas. Infantino argumentó que el hecho de que se ofrezca una entrada por dos millones de dólares no significa necesariamente que haya alguien dispuesto a comprarla.