Economía
Washington y Tokio ejecutaron una intervención coordinada en el mercado cambiario para respaldar el yen, la primera acción bilateral de este tipo desde 1998 y la primera coordinación entre ambos países desde el terremoto japonés de 2011.

Estados Unidos y Japón llevaron a cabo una intervención conjunta en el mercado de divisas para apoyar el yen, la primera operación bilateral de este tipo desde 1998 y también la primera coordinación directa entre ambas naciones para sostener la moneda japonesa desde la intervención del Grupo de los Siete tras el terremoto de Japón en 2011.
La medida se produjo en un contexto de fuerte presión sobre el yen, que había caído hasta 163,73 yenes por dólar el jueves pasado —su nivel más bajo en décadas— antes de recuperarse parcialmente a 157,57 yenes por dólar el viernes siguiente.
Según analistas financieros citados por CNBC, uno de los motivos centrales de la participación estadounidense fue evitar un escenario en el que Japón tuviera que vender grandes cantidades de bonos del Tesoro estadounidense para financiar una intervención unilateral, dado que Tokio es el mayor tenedor extranjero de esos títulos.
Louise Loo, jefa del departamento de economía asiática de Oxford Economics, señaló que las fluctuaciones derivadas de políticas fiscales y monetarias japonesas más agresivas podrían extenderse al mercado de bonos del Tesoro estadounidense, ejerciendo presión sobre el dólar y generando mayor inestabilidad en los mercados globales.
Loo destacó además que la confirmación pública por parte de Tokio y Washington del uso de la herramienta FIMA Repo del Banco Central estadounidense —que permite a los bancos centrales extranjeros obtener liquidez en dólares mediante garantías sin necesidad de vender directamente bonos del Tesoro— refleja una intención compartida de mitigar las tensiones en los mercados de deuda soberana.
El Ministerio de Finanzas japonés anunció este lunes que planea emplear dicha mecánica FIMA Repo en futuras intervenciones. Masahiko Loo, principal estratega de State Street, consideró que la mera mención de esta herramienta podría tener un efecto disuasorio mayor que la propia intervención cambiaria.
Masahiko Loo añadió que las preocupaciones de Washington no se limitan al yen: una debilidad prolongada de la moneda japonesa podría impulsar nuevas ventas en el mercado de bonos gubernamentales nipones, elevando sus rendimientos y transmitiendo perturbaciones a los mercados globales de deuda, especialmente en un momento en que las principales economías enfrentan un aumento de los costos del endeudamiento a largo plazo.
Además de los riesgos financieros, la acción refleja consideraciones económicas y geopolíticas más amplias entre ambos aliados. Louise Loo explicó que Estados Unidos ya había considerado anteriormente que el yen estaba significativamente subvaluado, lo que otorgaba ventajas competitivas a las exportaciones japonesas; según ella, la coordinación bilateral brinda al Banco de Japón un margen temporal para reanudar su política monetaria restrictiva, pues la estabilidad cambiaria sostenible depende de los tipos de interés, no de intervenciones puntuales en el mercado de divisas.
Guspar Koll, director experto de Monex, interpretó la operación como una expansión del cooperación entre Estados Unidos y Japón, y subrayó que el coordinación envía también un mensaje geopolítico, particularmente en medio de la creciente competencia con China.
Vishnu Varathan, jefe de investigación de macroeconomía para Asia (excepto Japón) en Mizuho Securities, indicó que la participación estadounidense otorga mayor peso y credibilidad al esfuerzo conjunto, incrementando su capacidad disuasoria frente a los especuladores que ejercen presión sobre el yen.
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