Economía
La empresa israelí Ratio Petroleum planea comprar la británica Pharos Energy, generando preocupación en Egipto por la soberanía energética.

La intención de la compañía israelí Ratio Petroleum de adquirir la empresa británica Pharos Energy, que opera en Egipto, ha generado debate en círculos israelíes.
En Tel Aviv existe temor de que las inquietudes egipcias sobre la soberanía nacional y la influencia israelí puedan obstaculizar la concreción de esta operación estratégica en el sector energético.
La cadena israelí i24NEWS informó que la oferta de Ratio Petroleum para comprar Pharos Energy asciende a aproximadamente 124,3 millones de libras esterlinas, equivalentes a cerca de 164 millones de dólares, lo que ha reavivado el debate sobre la venta de activos estratégicos y los límites de la apertura a la inversión en sectores clave dentro de Egipto.
Este acuerdo incluye activos petroleros y de gas en Egipto y Vietnam, y aunque aún espera la aprobación definitiva de reguladores y accionistas, su anuncio evidenció la sensibilidad que genera cualquier posible transferencia de propiedad que involucre entidades israelíes.
Pharos Energy se dedica a la exploración de petróleo y gas, posee concesiones en Egipto en las regiones de Fayum, norte de Beni Suef y el desierto occidental, y ha enfrentado presiones financieras que la han llevado a considerar la salida de algunos mercados, incluido el egipcio.
Ratio Petroleum presentó esta oferta en el marco de su estrategia de expansión fuera de Israel, especialmente tras su crecimiento en el sector energético luego del descubrimiento del yacimiento Leviatán. Además, existen reportes que señalan que se estudia la posibilidad de vender posteriormente parte de los activos de Pharos en Egipto a un tercero.
Las inversiones de Pharos Energy en Egipto se concentran en dos concesiones principales consideradas económicamente y estratégicamente importantes. La primera, en Fayum, incluye 11 campos petroleros en producción, donde la empresa británica posee una participación del 45%, mientras que la segunda concesión, en el norte de Beni Suef, tiene una participación similar.
Esta relevancia estratégica explica la controversia generada, ya que observadores israelíes consideran que el asunto va más allá de un simple cambio de propiedad entre empresas extranjeras, y apunta a la posible entrada de influencia israelí, aunque sea indirecta, en el sector energético egipcio, sector considerado soberano y vinculado a la seguridad económica.
El medio israelí señaló que este desarrollo se produce en un contexto de aspiraciones declaradas de Israel para convertirse en un actor regional principal en el mercado energético del Mediterráneo oriental, lo que algunas voces en Egipto ven como un factor que podría competir directamente con el papel que busca consolidar El Cairo como centro regional de energía.
Las preocupaciones aumentaron ante las recientes tensiones políticas y regionales, especialmente durante el conflicto en Gaza, período en el que la relación gasífera entre Egipto e Israel enfrentó disputas relacionadas con fronteras, energía y la posición de El Cairo respecto a la cuestión del desplazamiento de palestinos.
Los críticos de la operación advierten que cualquier presencia israelí en activos energéticos egipcios podría ser percibida en el futuro como una herramienta de influencia o presión política en momentos de crisis regional, lo que ha reavivado el debate sobre el programa de privatización y la salida gubernamental de ciertos sectores económicos.
Estas políticas generan inquietud en sectores de la opinión pública egipcia acerca de la posibilidad de que la propiedad de algunos activos pueda transferirse eventualmente a entidades cuyos intereses no coincidan con los de Egipto, ya sea mediante reventa o cambios en la estructura accionarial.
El informe concluye señalando que las demandas para que las grandes transacciones en sectores sensibles estén sujetas a una supervisión más transparente, que considere tanto la seguridad nacional como los beneficios económicos, están en aumento. La operación aún se encuentra en etapas iniciales y requiere la aprobación de las autoridades regulatorias de Egipto y Vietnam, además del consentimiento de los accionistas.
Se estima que la transacción podría concretarse durante la primera mitad de 2027, aunque la polémica refleja la sensibilidad que rodea el tema energético y la soberanía económica en Egipto.
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