Economía
Japón bajo presión fiscal y monetaria por déficit récord y alza de tasas
El gobierno de Sanae Takaichi planea emitir 40 billones de yenes en deuda nueva para 2027, pese a solicitudes ministeriales de gasto por 130 billones, mientras el Banco de Japón eleva tasas y Tokio interviene masivamente para sostener el yen.

Japón atraviesa una fase crítica en su gestión económica, marcada por la convergencia simultánea de tres factores: presiones inflacionarias crecientes, depreciación acelerada del yen y un aumento sin precedentes del gasto público. En este escenario, el gobierno liderado por la primera ministra Sanae Takaichi busca equilibrar el apoyo a los hogares y el impulso al crecimiento con la disciplina fiscal exigida por los mercados.
La brecha entre ingresos y gasto público
Takaichi declaró a la prensa japonesa Yomiuri que la administración proyecta mantener las emisiones nuevas de bonos del Estado en aproximadamente 40 billones de yenes —equivalentes a 251.000 millones de dólares— para el ejercicio fiscal 2027. Sin embargo, las solicitudes oficiales de financiamiento presentadas por los ministerios y agencias gubernamentales superan los 130 billones de yenes (unos 815.000 millones de dólares), cifra récord por cuarto año consecutivo.
Como referencia, en el presupuesto de 2025, el incremento de los ingresos tributarios permitió absorber parte del gasto adicional y mantener las emisiones de deuda nueva en torno a los 40 billones de yenes. Ese nivel objetivo, no obstante, excede las 32,7 billones de yenes (cerca de 205.000 millones de dólares) ya autorizadas para el ejercicio fiscal actual, 2026.
Medidas fiscales y ajustes estructurales
Toro Suhiro, economista jefe de Daiwa Securities, calificó como “ligeramente expansivo” el objetivo de 40,3 billones de yenes (aproximadamente 253.000 millones de dólares) para las nuevas emisiones de deuda soberana en 2027.
Además, el gobierno evalúa trasladar ciertos gastos que actualmente se financian mediante presupuestos suplementarios al presupuesto general ordinario, lo que elevaría el monto total de gasto oficialmente reportado.
Otra medida anunciada es la reducción de la tasa impositiva sobre los alimentos, destinada a aliviar la carga de los costos de vida. Esta iniciativa implicará una pérdida anual estimada de ingresos fiscales de 5 billones de yenes (alrededor de 31.400 millones de dólares). Takaichi señaló que se estudia utilizar parte de las reservas de divisas extranjeras del país —que ascienden a unos 1,3 billones de dólares— para contribuir a su financiación.
Presiones monetarias y externas acumuladas
Estas tensiones fiscales coinciden con un endurecimiento progresivo de la política monetaria. El índice de precios al consumidor básico de Tokio subió 1,8 % interanual en agosto, superando las previsiones del mercado de 1,7 %. Asimismo, el indicador que excluye alimentos frescos y combustibles se aceleró a 2,0 % desde 1,8 % en julio.
Por su parte, el índice de precios al productor alcanzó un incremento del 7,2 % en julio.
El Banco de Japón elevó su tasa de interés de referencia al 1 % en junio, su nivel más alto en 31 años, y la mantuvo sin cambios en julio. Las expectativas del mercado apuntan a un nuevo incremento, hasta el 1,25 %, durante su reunión programada los días 17 y 18 de septiembre.
El debilitamiento del yen añade otra capa de complejidad. Entre el 30 de julio y el 26 de agosto, las autoridades japonesas desembolsaron una cifra récord de 15,4 billones de yenes (96.500 millones de dólares) para intervenir en los mercados cambiarios. Tras superar los 163 yenes por dólar antes de la intervención, la moneda se recuperó hasta aproximadamente 155,20 yenes por dólar, aunque luego retrocedió nuevamente y se estabilizó cerca de los 159,50 yenes por dólar.
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