Estilo de vida
Sabrin relata la reacción inicial de su hermano al quitarse el hiyab y cómo su madre medió para resolver el conflicto familiar.

La artista egipcia Sabrin compartió detalles sobre la postura de su familia respecto a su decisión de dejar el hiyab. La actriz explicó que, aunque su hermano mostró enfado en un primer momento, ambos lograron reconciliarse posteriormente. Durante sus declaraciones, Sabrin abordó las dificultades psicológicas que enfrentó durante el periodo en que usaba peluca como sustituto del pañuelo, así como las reacciones negativas recibidas en redes sociales por este cambio de imagen.
Sabrin reveló que mantuvo la intención de quitarse el hiyab durante dos años, posponiendo constantemente la acción final. Sentía una presión significativa sobre sí misma, tanto en su faceta personal como profesional. En esa etapa participaba en una serie de comedia, pero se sorprendió al recibir comentarios centrados en su apariencia con peluca. Algunos críticos cuestionaron su actuación en un género cómico mientras ocultaba su cabello bajo ese accesorio, lo cual le generó una sensación de provocación.
Tras estos episodios, la intérprete decidió dejar de fingir sentimientos contrarios a los reales, argumentando que no podía vivir engañándose a sí misma. A pesar de esta resolución, reconoció que aún enfrenta juicios y fuertes críticas en plataformas digitales. Esta lucha interna contrasta con la calma aparente que mostraba públicamente antes de tomar la decisión definitiva.
La actriz rememoró el momento posterior a la publicación de su primera fotografía sin hiyab, calificando la reacción de su madre y su hermano como uno de los recuerdos más difíciles de olvidar. Su hermano expresó su malestar mediante un mensaje en el grupo familiar de WhatsApp, donde escribió: «Oh Allah, he transmitido; sé testigo». En dicha comunicación, aludió a las posibles consecuencias espirituales y familiares de la decisión, mencionando la relación de ella con Dios y sus hijos.
Al leer el texto, Sabrin optó por abandonar el chat familiar, una medida inusual en su comportamiento habitual. Este gesto evidenció ante los demás miembros de la familia la profundidad de su afectación emocional. Ante esta situación, su madre intervino para dialogar con los parientes y calmar los ánimos dentro del núcleo familiar.
Esa misma noche, el hermano de Sabrin acudió a verla y la abrazó. Le aclaró que la cuestión del hiyab es un asunto privado entre ella y Dios, asegurándole que la familia la ama y respeta incondicionalmente. El familiar enfatizó que no deseaba escuchar palabras despectivas sobre ella, recordando que siempre habían sentido orgullo por su trayectoria. Subrayó que su opinión permanecería inalterable, independientemente de si llevaba o no el pañuelo.
La reconciliación culminó con expresiones de cariño que cerraron la disputa. El hermano reiteró su orgullo por tenerla como hermana, validando su identidad más allá de cualquier elección religiosa visible. Respecto al periodo de transición con la peluca, Sabrin describió un estado de perturbación psicológica, sintiendo que perdía parte de su esencia natural. Vivía encogida y atrapada en un miedo constante, preocupada por las miradas y comentarios de extraños en la calle, temiendo ser apodada «oh, mujer de la peluca».
No obstante, la artista afirmó que su fe en Dios fue la fuente principal de fortaleza para superar estas angustias. Aunque admitió sentir mayor temor tras dejar el hiyab, señaló que esto incrementó su devoción y diligencia en la oración. Para Sabrin, el cambio experimentado no alejó sus prácticas religiosas; al contrario, su compromiso con la plegaria se intensificó y su creencia se fortaleció frente a las presiones externas.



