Fútbol
Giani Infantino enfrenta oposición interna pero mantiene el control gracias al apoyo de África y Asia, mientras los detractores exigen transparencia financiera.

La disputa por el liderazgo de la FIFA se intensifica este jueves durante una reunión del Consejo, donde Giani Infantino debe confrontar a sus opositores. El conflicto surge tras la propuesta de permitir la entrada de inversores privados en las actividades comerciales vinculadas al Mundial, medida que generó fuertes críticas internas.
A pesar del crecimiento de la resistencia dentro de varias confederaciones continentales influyentes, el presidente conserva un respaldo electoral sólido. La crisis ha derivado en una batalla por el control de los miles de millones de dólares que el organismo distribuye entre sus miembros asociados.
La estructura democrática de la FIFA otorga un voto único a cada una de sus 211 federaciones nacionales para elegir al presidente, independientemente de la potencia futbolística o económica del país. Esta paridad numérica define el equilibrio de poder actual.
Según el analista deportivo Mohsen Lamlooum, consultado por Sky News Arabia, Infantino goza de un apoyo contundente en África y Asia, regiones que suman 101 votos. En contraste, su influencia ha disminuido notablemente en Europa, territorio que agrupa a 55 asociaciones nacionales.
Lamlooum señala que esta distribución crea una base electoral amplia para el dirigente, dificultando cualquier intento de destitución pese al peso institucional de las federaciones europeas. No obstante, el respaldo no garantiza la lealtad absoluta de todos los países africanos y asiáticos, dado que la propia Confederación Asiática figura entre las voces críticas con ciertas políticas del mandato vigente.
La tensión estalló cuando Infantino presentó un plan para abrir la comercialización del Mundial a capital privado, lo cual levantó sospechas sobre la transparencia y el futuro destino de los ingresos del torneo. Aunque el proyecto fue retirado, la oposición persiste, liderada principalmente por la UEFA, la CONCACAF y la AFC.
Transformar este descontento en un cambio real enfrenta dos obstáculos mayores: la ausencia de un candidato de consenso capaz de desafiar al líder actual y la complejidad logística para reunir una mayoría simple entre las federaciones. Con las elecciones previstas para marzo de 2027 y el plazo límite de presentación de candidaturas fijado para el 18 de noviembre, el tiempo apremia a los disidentes.
El 18 de septiembre, Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, y Victor Montagliani, líder de la CONCACAF, solicitaron formalmente que se asignen al menos 10 millones de dólares por federación nacional provenientes de las reservas de la FIFA. De aprobarse, esto implicaría repartir 2.110 millones de dólares entre los 211 miembros.
Esta demanda presenta una paradoja estratégica. Mientras los críticos buscan mayor supervisión sobre el manejo de fondos, Infantino podría adoptar la iniciativa de aumentar la financiación y presentarla como una extensión natural de su programa de desarrollo global del fútbol.
Para Lamlooum, las ayudas económicas constituyen un pilar fundamental del poder presidencial, especialmente en África, donde muchas federaciones dependen de estos millones para sostener sus estructuras básicas.
Documentos obtenidos por la agencia France Press revelan disparidades significativas en la asignación de fondos. La federación de Islas Turcas y Caicos, con una población inferior a 50.000 habitantes, recibió más de 20 millones de dólares desde 2016. Por su parte, las potencias futbolísticas de China y Brasil obtuvieron 17,8 millones de dólares cada una en el mismo periodo.
Estas cifras no confirman necesariamente favoritismos, ya que los programas de desarrollo operan bajo criterios de financiación diferenciados según las necesidades locales. Sin embargo, evidencian la dependencia crítica de las federaciones con recursos limitados hacia las subvenciones internacionales para construir estadios, centros de entrenamiento y organizar competiciones domésticas.
La interacción entre flujo de capital y dinámica electoral es estrecha, aunque recibir asistencia financiera no determina automáticamente el sentido del voto en las urnas de la FIFA.
Los opositores podrían tener éxito si logran demostrar irregularidades financieras graves asociadas a la gestión de Infantino. No obstante, la comprobación de infracciones no conduce de forma automática a la destitución; el proceso depende de la naturaleza específica de las violaciones y de los procedimientos establecidos en los estatutos del organismo.
Paralelamente, los detractores impulsan una reforma para ampliar las facultades del Consejo de la FIFA e incluir a otros actores, como representantes de clubes, en la toma de decisiones. Es crucial recordar que el Consejo, integrado por 36 miembros, no tiene la autoridad para elegir al presidente; esa responsabilidad recae exclusivamente en el Congreso de la FIFA, donde votan las federaciones nacionales.
En consecuencia, los adversarios de Infantino deben navegar por dos caminos distintos: probar faltas que justifiquen una sanción reglamentaria o montar una campaña electoral competitiva que requiera un candidato fuerte y alianzas amplias. En una institución donde convergen 211 votos electorales y miles de millones en ingresos y subsidios, derrocar al líder resulta mucho más complejo que simplemente coordinar la oposición.



