Fútbol
La decepción recurrente con la selección inglesa se repite en cada torneo, mientras Thomas Tuchel muestra su desconcierto ante la cultura futbolística del equipo.

La frustración, la ira, la decepción y el aburrimiento con la selección de Inglaterra se repiten una y otra vez en casi todos los torneos. ¿Qué esperaban?
Los partidos se desarrollan dentro de los parámetros habituales: aproximadamente media hora de buen fútbol en tres encuentros, mientras que el resto son cuatro horas largas de actuaciones lentas, sin imaginación y monótonas. Durante esos momentos, los jugadores parecen desconectados del juego, moviendo el balón lateralmente a paso lento, lo que provoca la furia de su entrenador y genera una sensación generalizada de hastío deportivo.
Este rendimiento solo alcanza para ser un equipo bueno, pero no suficiente para ganar, y así es siempre. ¿No se han dado cuenta?
¿Por qué pensar que sería distinto? Resulta poco original creer que si un jugador que no fue convocado hubiera estado, eso habría cambiado todo. No hay forma de probarlo, al igual que no se puede demostrar que no habría marcado la diferencia, ya que todos están inmersos en la misma cultura futbolística. La razón por la que no fueron seleccionados es que habitualmente rinden por debajo de lo esperado con la camiseta de Inglaterra. ¿De verdad creen que esta vez sería diferente? Es más esperanza que experiencia; ingenuidad.
Es sorprendente que muchos no comprendan la naturaleza del equipo inglés. La esperanza es natural, pero engañarse no aporta nada. ¿En qué se basaron para pensar que sería distinto?
Para entender mejor este fenómeno, se recomienda escuchar la serie radiofónica de David Baddiel, ‘60 years of hurt’.
Esta aborda la psicología detrás de todo esto, donde subyace la creencia errónea de que los jugadores son mejores de lo que realmente son cuando juegan sin sus compañeros no ingleses de alto nivel, y que esto forma parte de un excepcionalismo inglés que muchos hemos interiorizado. Esta mentalidad está presente en todos los ámbitos de la vida, y no está lejos de las raíces psicológicas del colonialismo. Se necesita un esfuerzo consciente para verlo con claridad.
Además, la constante promoción exagerada de la Premier League como el mejor fútbol del mundo crea héroes cuyo estatus supera injustamente su talento real. Esta realidad matizada se ignora fácilmente cuando se manejan grandes cantidades de dinero y salarios astronómicos, pero los clubes compran un jugador distinto al que luego representa a Inglaterra: uno que encaja en un equipo de estrellas rodeado de jugadores de mayor calidad. Por eso se les atribuyen características de clase mundial que en realidad no poseen.
En ocasiones, dada la carga emocional que provocan los partidos, parece que se prefiere el fracaso glorioso a la victoria. La queja es la política cotidiana de muchas personas, y la derrota de Inglaterra encaja en su visión del mundo, donde nada es tan bueno como antes. Sin embargo, la verdad es mucho más compleja y matizada.
Los jugadores ingleses son buenos, a veces excelentes, pero consistentemente no lo suficientemente buenos para ganar, y eso debería ser evidente. Esta realidad se muestra en cada torneo, incluso cuando la suerte del sorteo permite llegar a una final.
No todo es negativo, pero sí lo suficiente para molestar a la afición con frecuencia. Ya deberíamos haber aceptado esta evidencia. La naturaleza inherente de los jugadores ingleses, formados en nuestra cultura futbolística, impide que cualquier entrenador, y mucho menos uno alemán, pueda cambiarla. Por eso Thomas Tuchel, conocido por su carácter expresivo, a menudo parece sorprendido y hasta cansado de la actitud de los jugadores. Viene de una cultura futbolística ajena a la inglesa y no la comprende. Hasta que esa cultura no cambie, ellos no podrán ni querrán cambiar, especialmente porque esa misma cultura los ha hecho ricos y admirados.
Es fácil deprimirse ante esta situación y desear la victoria, aunque se sabe que es poco probable, aunque no imposible, dada la imprevisibilidad del fútbol de copa. Lo recomendable es no exigirse demasiado y dejar de pensar que las cosas van a cambiar. He seguido a este equipo desde 1970 y puedo asegurar que la situación puede empeorar.
Quizás sea mejor centrarse en disfrutar el fútbol semanalmente, con su ciclo constante de héroes y villanos. Rechacen las ideas antiguas que creían verdades y observen el panorama general. Aprendan a distinguir la admiración comprensible de la realidad. Sobre todo, rechacen la publicidad de la Premier League, que distorsiona la percepción de muchos, propagando exageraciones y mentiras que dañan la verdad, las creencias y las aspiraciones.
Disfruten los momentos buenos, tomen el placer donde puedan y aprecien esos instantes sin dejarse cegar por ellos.
Y si se quejan del comentarista o sus compañeros, tienen al menos dos opciones: la radio, que siempre es mejor, o silenciar el sonido; elijan una y dejen de lamentarse. No es tan malo, pero ustedes lo empeoran con sus quejas constantes.
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