Líbano
El Patriarca Maronita Cardenal Mar Bechara Boutros Al-Rahi presidió una misa en el Monasterio de Nuestra Señora de la Salvación de los Padres Jesuitas en Bikfaya, con motivo de la celebración del 175º Jubileo de la fundación de la Hermandad de Nuestra Señora de la Salvación para Hombres, coincidiendo con el inicio del Mes Mariano.

El Patriarca Maronita Cardenal Mar Bechara Boutros Al-Rahi presidió una misa en el Monasterio de Nuestra Señora de la Salvación de los Padres Jesuitas en Bikfaya, con motivo de la celebración del 175º Jubileo de la fundación de la Hermandad de Nuestra Señora de la Salvación para Hombres, coincidiendo con el inicio del Mes Mariano.
Después de la lectura del Evangelio, el Patriarca Al-Rahi pronunció una homilía para la ocasión, partiendo de la palabra del Señor: "Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna", afirmando que "la fe no se reduce a satisfacer las necesidades diarias, sino que eleva al ser humano hacia un horizonte más profundo, donde la relación con Dios se convierte en la fuente y el significado de la vida. Porque el ser humano no se mide por lo que posee, sino por los valores que se arraigan en él y permanecen, incluso cuando todo lo demás desaparece".
En este contexto, Al-Rahi enfatizó "el papel de las comunidades espirituales como escuelas que forman al ser humano desde dentro, no solo como marcos organizativos, sino como espacios que transforman la oración en compromiso y la fe en una presencia real en la sociedad. Porque la oración no es una retirada de la realidad, sino una preparación para afrontarla con conciencia y responsabilidad".
Se detuvo en la dualidad de "la memoria de gratitud y el camino de la esperanza", considerando que "la recuperación del pasado no es un fin en sí mismo, sino un reconocimiento de la gracia que ha acompañado el camino a lo largo del tiempo, mientras que la esperanza constituye un compromiso para continuar el camino, no deteniéndose en lo que fue, sino avanzando hacia lo que será".
Y en un acercamiento a la realidad general, Al-Rahi abordó la dimensión nacional, señalando que "la gente vive entre la preocupación y la espera, entre el miedo y la expectación, en medio de situaciones inestables y un destino incierto", enfatizando que "el pueblo está cansado y vive en un estado de desorientación y vacilación, como si estuviera atrapado en un torbellino sin fin".
Y se centró en "el rechazo de la lógica de la guerra y la clara llamada a la paz", considerando que "la única opción capaz de salvar la nación es aferrarse a la cultura de la vida, no a la cultura de la muerte". También llamó a "no construir la nación sobre cálculos estrechos e intereses circunstanciales, sino sobre lo que permanece: sobre los valores, la justicia y la dignidad humana".
En este marco, Al-Rahi enfatizó "la necesidad de hombres para la nación, hombres firmes en la verdad, fieles en la responsabilidad, que no comprometan los valores y sean capaces de transformar la fe en un compromiso real en la vida pública".
Y afirmó que "Líbano no es un campo de espera ni un campo de conflicto, sino una nación con una misión, que necesita de quienes creen en ella y trabajan por ella, no de quienes la dejan rehén de las crisis", llamando a "la transición del estado de espera pasiva a la acción efectiva, de la preocupación a la esperanza, y del miedo a la iniciativa".



