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La Organización Meteorológica Mundial informó que el humo tóxico de los incendios forestales causó 100.000 muertes adicionales cada año entre 2010 y 2018, con un aumento triple en la frecuencia de incendios en tres décadas.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de las Naciones Unidas, reveló que el humo nocivo procedente de los incendios forestales provocó aproximadamente 100.000 fallecimientos adicionales anuales durante el período comprendido entre 2010 y 2018.
Según el informe de la organización, desde la década de 1990 se ha triplicado la cantidad de episodios de humo denso generado por incendios a escala planetaria. Este incremento coincide con un aumento también triple en el número total de incendios registrados en los últimos treinta años.
El documento señala expresamente: “Desde los años noventa, el número de casos de humo intenso derivado de incendios se ha triplicado a nivel mundial, lo que habría ocasionado, según estimaciones, cerca de 100.000 muertes adicionales cada año entre 2010 y 2018 — aunque es muy probable que la cifra real supere ampliamente esta estimación”.
Los estudios incluidos en el informe indican que la contaminación atmosférica originada por incendios forestales, junto con olas de calor extremo recurrentes, socava los avances logrados internacionalmente para mejorar la calidad del aire.
La OMM destaca que los incendios forestales han adquirido una relevancia creciente como fuente de contaminación del aire, especialmente en un contexto donde numerosos países desarrollados han conseguido reducir sus emisiones perjudiciales provenientes de la industria y el transporte gracias a medidas regulatorias ambientales y climáticas.
El informe subraya el impacto en aumento de dos contaminantes clave: las partículas finas y el ozono troposférico, ambos asociados directamente a enfermedades respiratorias, cardiovasculares y del sistema circulatorio.
En 2025, los niveles de partículas finas superaron significativamente los valores habituales en regiones como el norte de Canadá, zonas de Rusia, y sectores del oeste y centro de África, debido al notable incremento en la frecuencia e intensidad de los incendios.
Asimismo, el noroeste de España se convirtió en un foco de contaminación severa tras una ola de incendios violentos e inéditos que azotó la zona a finales del verano de 2025.
Las Naciones Unidas instaron a reforzar la vigilancia de contaminantes como el carbono negro —también conocido como hollín— y el microplástico. Los autores del informe consideran que el control de estas sustancias sigue siendo insuficiente, pese a su presencia generalizada en la atmósfera.



