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El bloqueo naval estadounidense ha paralizado casi por completo las exportaciones de petróleo iraní, amenazando con agotar la capacidad de almacenamiento del país en cuestión de semanas.

La industria petrolera iraní enfrenta una presión sin precedentes a medida que el bloqueo naval impuesto por Estados Unidos estrangula sus exportaciones. Teherán afirma poder “soportar el dolor”, pero reconoce que su crudo corre el riesgo de quedarse sin salida al mercado en el corto plazo. Mientras las esperanzas de un acuerdo rápido se desvanecen, las consecuencias económicas se extienden a todos los sectores del país.
Según informes del diario *The New York Times*, el bloqueo ha provocado una paralización casi total de las exportaciones de petróleo iraní. Esto ha impactado directamente los ingresos vitales del Estado y ha generado una crisis creciente en la capacidad de almacenamiento interno, especialmente en instalaciones estratégicas como la isla de Kharg.
Antes de la crisis, aproximadamente el 98% de las exportaciones de petróleo iraní transitaban por el estrecho de Ormuz, según datos de la firma de navegación marítima Kepler. Incluso durante períodos de bombardeos anteriores, las exportaciones continuaron. Sin embargo, la situación cambió drásticamente desde el inicio del bloqueo estadounidense el 13 de abril: desde entonces, ningún petrolero cargado con crudo ha podido salir del estrecho.
Irán produce cerca de 4 millones de barriles diarios. La mitad se consume internamente y el resto se destina a la exportación. El petróleo destinado a la venta se almacena en tanques terrestres y en buques cisterna dentro del Golfo, con una capacidad total de unos 120 millones de barriles en tierra firme, incluida la isla de Kharg, más unos 32 millones de barriles a bordo de los propios petroleros. Pero esta capacidad se está llenando rápidamente, ya que los buques vacíos no pueden regresar.
Estimaciones analíticas indican que Irán podría quedarse sin espacio de almacenamiento en un plazo de entre 25 y 30 días si el bloqueo persiste. Otras proyecciones sitúan el margen entre unas pocas semanas y más de un mes. El bloqueo es visto, en este contexto, como un intento de imponer un “plazo financiero” a Teherán para forzarla a negociar.