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Irlanda revisa su política de defensa tras múltiples apariciones de la nave espía rusa Yantar cerca de sus aguas y un incremento en el tránsito de buques del llamado “escuadrón ruso oculto”, mientras destina 1.700 millones de euros al gasto defensivo entre 2026 y 2030.

Irlanda ha iniciado una revisión sin precedentes de su política de defensa ante el creciente despliegue naval ruso en sus proximidades. Las autoridades temen que sus aguas territoriales se conviertan en uno de los puntos más vulnerables del sistema de seguridad europeo, dada la presencia de infraestructura crítica como cables submarinos de internet transatlánticos y gasoductos internacionales.
Funcionarios y expertos coinciden en que el tradicional neutralismo militar de Dublín ya no garantiza la protección de los intereses nacionales. El riesgo se ha acentuado por las tácticas de guerra híbrida y las amenazas dirigidas contra infraestructuras subacuáticas, según informó The Guardian. La nave espía rusa Yantar ha sido detectada repetidamente en aguas cercanas al país. Se considera capaz de desplegar equipos de vigilancia o interferir directamente en los cables de telecomunicaciones submarinos. En 2024, fue avistada sobre el gasoducto que une Irlanda con el Reino Unido, una maniobra calificada por funcionarios irlandeses como una advertencia explícita sobre la fragilidad de dicha infraestructura.
En las últimas semanas, las autoridades irlandesas registraron un aumento significativo en el paso de buques pertenecientes al denominado “escuadrón ruso oculto” por el norte del Atlántico. Este incremento coincide con el endurecimiento de la vigilancia en aguas británicas y francesas. La relevancia de estas operaciones radica en que aproximadamente el 75 % de los cables submarinos de internet transatlánticos atraviesan la zona económica exclusiva de Irlanda o pasan muy cerca de ella. Además, la región alberga numerosos gasoductos y rutas marítimas clave. Cualquier alteración en esta área tendría repercusiones que superarían las fronteras irlandesas, afectando directamente a la economía europea y global.
Con motivo de su presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea, el gobierno irlandés ha situado la seguridad marítima como una prioridad central. Ha reafirmado que la protección de la infraestructura crítica y el fortalecimiento de la seguridad europea forman parte esencial de su agenda. En febrero pasado, lanzó la primera estrategia marítima nacional de su historia, diseñada para superar lo que se denomina “ceguera marítima”: la histórica concentración en la seguridad terrestre y la negligencia sistemática del dominio marítimo. El objetivo es reforzar la vigilancia y defensa de las aguas territoriales y de las instalaciones vitales bajo el mar.
La ministra de Asuntos Exteriores, Helen McEntee, afirmó que Irlanda ya no está al margen de las amenazas externas y destacó que la nueva estrategia busca construir capacidades más robustas para salvaguardar su espacio marítimo. No obstante, oficiales y analistas militares señalan que el camino sigue siendo largo. El exoficial naval retirado Caoimhín Mac Anfraigh indicó que el país depende aún en gran medida del apoyo de “amigos y vecinos”, y reclamó la creación de una flota moderna compuesta por nuevas embarcaciones, sistemas avanzados de radar y sonar, así como el aumento del número de bases navales y personal en servicio.
En 2025, el gobierno reconoció que solo dos de sus ocho naves navales estaban operativas debido a la escasez de efectivos. Asimismo, la guerra en Ucrania puso de manifiesto las restricciones de las capacidades militares irlandesas: Kiev rechazó una oferta para recibir 27 vehículos blindados ligeros porque el costo de su reparación era excesivo. A pesar de ello, el gobierno asignó 1.700 millones de euros para inversión defensiva entre 2026 y 2030, lo que representa un aumento del 55 % respecto al período anterior. Las Fuerzas Navales también reportaron un incremento del 12 % en el número de nuevos reclutas durante 2025.
No obstante, Irlanda sigue siendo el Estado miembro de la UE con menor gasto defensivo: en 2024, su inversión militar representó apenas el 0,2 % del producto interior bruto, muy por debajo del promedio europeo del 1,3 %. Esta situación ha generado críticas recurrentes por parte de responsables europeos, quienes advierten que la debilidad defensiva de un país que controla una parte esencial de la infraestructura energética y digital europea podría convertirlo en “el eslabón más débil” del sistema de seguridad colectiva.
Analistas subrayan que el desafío no es únicamente militar, sino también político interno. El gasto en defensa no figura entre las prioridades del público irlandés frente a temas como la vivienda, el aumento del costo de vida o la migración. Además, el neutralismo militar conserva un amplio respaldo social dentro del país. Expertos alertan que mantener esta postura podría dejar una brecha de seguridad en una región de creciente importancia estratégica, especialmente ante el ascenso de amenazas híbridas y los ataques dirigidos contra cables submarinos y redes energéticas —activos fundamentales para las comunicaciones, el comercio y el suministro energético de Europa.
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