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Miles de indígenas, mineros y sindicatos avanzan hacia La Paz para exigir la dimisión del mandatario en medio de una crisis económica.
Una marea humana de miles de personas, compuesta por indígenas, mineros y miembros de sindicatos, avanza hacia la capital boliviana, La Paz, con una exigencia clara: la renuncia del presidente Rodrigo Baz Pereira. La movilización ocurre en un contexto de severa crisis económica y escasez de combustible. Aunque el gobierno derogó una controvertida ley que afectaba los derechos de los campesinos sobre la tierra, la indignación popular no ha disminuido.
“Exigimos la renuncia inmediata de este gobierno traidor e incapaz, que pretende gobernarnos por decreto”, declaró un miembro de la organización “Ponchos Rojos”. Y añadió: “No lo permitiremos. Lucharemos hasta la muerte para sacar a este gobierno traidor. ¡Hasta la victoria!”.
Según reportes de medios locales, todas las rutas principales del país han sido bloqueadas por las protestas. La larga caravana de indígenas, que se dirige hacia la sede del gobierno, engrosa sus filas a medida que pasa por cada pueblo y ciudad. Un video que circula en redes sociales muestra a una multitud masiva avanzando hacia La Paz.
La capital boliviana fue escenario de violentos choques el jueves. La policía empleó gases lacrimógenos para dispersar a un grupo de mineros que intentó irrumpir en el palacio de gobierno. Como respuesta, los manifestantes detonaron pequeñas cargas de dinamita, una táctica que se ha vuelto cada vez más común durante la segunda semana de disturbios.
Esta escalada representa la última ola de agitación social que desafía al gobierno de Rodrigo Baz Pereira, quien asumió la presidencia a finales del año pasado, marcando el inicio de una nueva era tras casi dos décadas de gobierno de un solo partido.
Miles de mineros se congregaron en el centro de La Paz para exigir reformas laborales y el suministro de combustible. Con el paso de las horas, sus consignas se tornaron en demandas de renuncia presidencial. Los bloqueos y las marchas han paralizado casi por completo la capital boliviana en los últimos días. El mismo jueves, maestros de escuelas rurales también marcharon por el centro de la ciudad para reclamar aumentos salariales, intensificando la presión sobre la capital.
La ola de protestas más reciente fue inicialmente impulsada por agricultores que buscaban la derogación de una ley que permitía hipotecar tierras. Aunque el presidente firmó un decreto anulando la ley la noche del miércoles e hizo un llamado a cesar las protestas, las manifestaciones continuaron expandiéndose.
Bolivia atraviesa un período de creciente conflictividad social, caracterizado por protestas, dificultades económicas y tensiones políticas. En las últimas semanas, conductores de camiones, sindicatos, agricultores y organizaciones indígenas han instalado bloqueos en carreteras, realizado huelgas y concentraciones para exigir que se atiendan sus demandas económicas y básicas.
Estas protestas se desarrollan en un escenario de alta inflación, escasez de divisas y problemas en el suministro de combustible, factores que han exacerbado la tensión social. Los conflictos han afectado directamente la vida cotidiana, impactando el suministro de alimentos y el transporte, con consecuencias particularmente graves para los sectores más vulnerables de la población.



