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Un análisis de 'Foreign Policy' sostiene que el presidente Xi Jinping ha eliminado la figura del 'segundo hombre' en el Partido Comunista, distribuyendo el poder entre varios leales sin permitir que ninguno acumule influencia independiente.

La revista 'Foreign Policy' sostiene que el intenso debate sobre quién ocupa el puesto de "número dos" en China revela una estrategia deliberada del presidente Xi Jinping: impedir la formación de cualquier centro de poder autónomo dentro del Partido Comunista, incluso entre sus colaboradores más cercanos. El análisis, publicado por el medio, describe un sistema político diseñado para evitar la aparición de un heredero político real.
El ascenso del funcionario Cai Qi en los últimos años llevó a muchos observadores a considerarlo la segunda figura más influyente después de Xi. Su creciente papel en el círculo íntimo del presidente y su frecuente aparición junto a él en reuniones y eventos clave alimentaron esa percepción. Sin embargo, el informe sostiene que esta impresión es parcialmente engañosa: la cercanía a Xi no equivale a poseer un poder independiente ni la capacidad de construir un centro de influencia paralelo dentro del Estado y el partido.
Cai Qi ocupa una serie de cargos sensibles dentro del Partido Comunista, incluyendo un puesto en el Comité Permanente del Politburó, la jefatura de la Secretaría General y la dirección de la Oficina General del Partido. Estas posiciones le otorgan influencia directa sobre la agenda de Xi Jinping, los documentos oficiales, la información, las reuniones y los arreglos de seguridad. 'Foreign Policy' señala que este papel ha llevado a algunos análisis occidentales a describirlo como el "guardián de la puerta política" del presidente, similar a figuras cercanas a emperadores en la historia china que controlaban el acceso al gobernante e influían en la toma de decisiones.
No obstante, el informe aclara que la comparación con modelos históricos es inexacta. Cai no monopoliza los canales de comunicación con el presidente ni posee un aparato de influencia independiente dentro del partido, el Estado o el ejército. Las instituciones militares, los organismos de seguridad nacional, los órganos disciplinarios del partido, la administración económica y la organización partidista tienen líneas de comunicación directa con Xi, lo que impide que cualquier funcionario acapare el acceso al centro de decisiones.
Según 'Foreign Policy', el poder de Cai Qi se deriva fundamentalmente de su capacidad para ejecutar la voluntad de Xi, no para forjar una voluntad política propia. Supervisa la coordinación, el seguimiento y la transmisión de instrucciones dentro de los aparatos del partido, y monitorea la implementación de las directivas de la máxima dirigencia. Sin embargo, no hay indicios claros de que pueda reordenar las prioridades políticas o imponer sus propias orientaciones dentro del sistema.
En contraste, el informe sostiene que el primer ministro Li Qiang conserva el mayor peso ejecutivo dentro del sistema chino, a pesar de la creciente centralización del poder en Xi Jinping. 'Foreign Policy' cita las reglas organizativas del Partido Comunista, que otorgan a Li Qiang un papel central en la gestión del Estado durante la ausencia del presidente, incluyendo el seguimiento de los expedientes gubernamentales y económicos y el mantenimiento de la continuidad de las instituciones de gobierno.
Li también supera a Cai en varios de los comités centrales más sensibles, especialmente el Comité Central de Asuntos Financieros y Económicos, una de las plataformas de toma de decisiones económicas más importantes desde la era de la reforma y apertura. El informe destaca que la gestión de las reuniones oficiales refleja este equilibrio: en las grandes reuniones dominadas por Xi, Li Qiang suele presidir las sesiones o pronunciar los discursos de clausura, mientras que el papel de Cai Qi se limita a la asistencia y el seguimiento.
La gestión de los expedientes económicos otorga a Li Qiang un peso político difícil de eludir. Las cuestiones relacionadas con la deuda local, el sector inmobiliario, el estímulo al consumo, las políticas industriales, la inversión extranjera, el desempleo y el funcionamiento de los gobiernos locales caen dentro del ámbito de la administración gubernamental que él dirige. 'Foreign Policy' considera que estos expedientes representan los desafíos más sensibles para el Estado chino, lo que hace que la responsabilidad de Li sea más pesada que el papel organizativo de Cai dentro del aparato del partido.
El análisis concluye que la era de Xi Jinping ha reconfigurado el concepto de liderazgo dentro del Partido Comunista, desmantelando la idea tradicional del "segundo hombre" que existió en diversos grados en etapas anteriores del gobierno chino. En lugar de permitir el surgimiento de una figura fuerte con influencia integral bajo el liderazgo del presidente, Xi ha adoptado un modelo que distribuye el poder entre varias personalidades e instituciones competidoras, manteniendo la decisión final concentrada en él mismo.
Este modelo, según el informe, otorga a Xi una mayor capacidad para controlar el sistema político y prevenir cualquier amenaza interna potencial. Sin embargo, al mismo tiempo, hace que la estructura de gobierno dependa más de la persona del presidente que de las instituciones tradicionales del Estado y el partido. En este contexto, la prominente posición de Cai Qi refleja su extrema cercanía a Xi Jinping, no la evidencia de un "segundo hombre" real en la China contemporánea.
'Foreign Policy' subraya que lo más distintivo del sistema de Xi hoy no es el ascenso de una nueva figura al rango de número dos, sino la desaparición de esa posición de la estructura de poder china.