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Las tensiones entre facciones iraníes dificultan un posible acuerdo con Estados Unidos para resolver su enfrentamiento.

Las diferencias dentro del poder en Irán se han intensificado a medida que Teherán y Washington se acercan a un posible entendimiento para poner fin a su confrontación, según un informe publicado por un diario estadounidense.
El sector más radical en Irán lidera una campaña política y mediática destinada a sabotear las negociaciones y evitar un acuerdo con Estados Unidos, a pesar de que en los círculos de poder crece la convicción de la necesidad de hallar una salida a la crisis actual.
Estas disputas reflejan un conflicto más amplio sobre el rumbo de la política iraní tras la guerra, en un momento en que el país enfrenta crecientes presiones económicas que han llevado a figuras influyentes del régimen a respaldar la opción de negociar como medio para aliviar las cargas financieras y económicas y prevenir posibles disturbios internos.
Aunque aún no se ha cerrado un acuerdo definitivo, las señales políticas recientes indican que las negociaciones han avanzado a una etapa avanzada.
El presidente estadounidense Donald Trump sostuvo una reunión de dos horas con miembros de su gobierno en la sala de operaciones de la Casa Blanca para analizar las opciones disponibles, antes de posponer la decisión final sobre los próximos pasos, según un alto funcionario estadounidense.
Por su parte, el principal negociador iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó que Teherán sigue actuando con cautela frente a Washington, subrayando que Irán no dará ningún paso hasta que la otra parte lo haga primero.
Los acontecimientos recientes han evidenciado la magnitud de la discrepancia entre las instituciones estatales respecto a las negociaciones, con la televisión oficial iraní desempeñando un papel destacado en la amplificación de las divisiones internas y presentando las conversaciones con Estados Unidos como un camino infructuoso.
En una crítica poco habitual, el presidente iraní Masoud Pezeshkian reprendió a la dirección de la televisión oficial durante una reunión con altos funcionarios, instándolos a cesar la incitación a las divisiones políticas dentro del país.
Pezeshkian recordó que el difunto líder supremo Ali Jamenei apoyaba el principio de negociar, afirmando que acudir a la mesa de diálogo no generaba desacuerdo dentro de las instituciones estatales, como intentan hacer parecer algunas partes.
Agregó que la actual retórica mediática promueve la idea de rechazar completamente las negociaciones, aunque la dirección iraní había aprobado previamente esta vía, y consideró que estas posturas profundizan las divisiones en una etapa que requiere mayor cohesión interna.
Simultáneamente, los partidarios de la corriente radical intensificaron sus movilizaciones en las calles, donde en Teherán se registraron concentraciones masivas con consignas que exhortaban a continuar la confrontación con Estados Unidos e Israel y a rechazar cualquier concesión política.
Imágenes difundidas por la televisión oficial mostraron a participantes reafirmando su respaldo a mantener el enfrentamiento sin importar los costos, mientras la cobertura mediática intentaba proyectar una imagen de unidad popular tras esta postura.
Además, varios diputados conservadores endurecieron su discurso político. Ibrahim Azizi, presidente de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní, declaró que Teherán tiene el derecho de fijar las condiciones de cualquier acuerdo futuro, y sostuvo que Irán salió de la última confrontación en una posición de fuerza que le permite imponer sus términos a la contraparte.
A pesar del ruido generado por los radicales, observadores y analistas dentro de Irán consideran que este sector no representa a la mayoría de la sociedad ni la orientación predominante en las instituciones decisorias.
El analista político iraní Mehdi Rahmati señaló que las negociaciones avanzan a pesar de las objeciones de los radicales, quienes están cada vez más alejados de los principales centros de toma de decisiones.
No obstante, advirtió sobre subestimar su influencia, ya que dejarla sin control podría convertirla en una amenaza para la estabilidad política, dado que aún cuenta con una base de apoyo en los sectores más leales al régimen.
Expertos opinan que uno de los desafíos para el liderazgo iraní es cómo contener a esta corriente sin perder a un sector que durante décadas ha sido uno de los principales respaldos del régimen en medio de crisis políticas y sociales sucesivas.
Las diferencias no se limitan al gobierno o al equipo negociador, sino que también alcanzan al nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei.
El clérigo y diputado radical Hamid Rasaei generó controversia al publicar un comentario en redes sociales titulado "¿Quién merece la dirección suprema?", interpretado ampliamente como una crítica velada al nuevo líder.
Estas declaraciones se produjeron pese a que Mojtaba Jamenei ha expresado en varias ocasiones su apoyo al equipo negociador nuclear desde el inicio de la guerra.
En una comparación llamativa, Rasaei aludió en su publicación a la historia del profeta Noé y su hijo rebelde, lo que llevó a políticos y medios iraníes a acusarlo de intentar socavar la posición del nuevo líder y de utilizar las disputas políticas para obtener beneficios internos.
Ante la oleada de críticas, Rasaei aclaró posteriormente que sus palabras fueron malinterpretadas y que no estaban dirigidas contra el líder supremo.
Detalles adicionales revelan que las disputas también alcanzan al Consejo Supremo de Seguridad Nacional, la institución clave en la formulación de las políticas de seguridad y estrategia de Irán.
El informe señala que Ali Bagheri Kani, vicesecretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y una figura destacada del sector radical, envió un mensaje al líder supremo criticando el desempeño del equipo negociador encabezado por Mohammad Bagher Ghalibaf.
Bagheri Kani consideró que los negociadores iraníes mostraron demasiada flexibilidad en las conversaciones con el vicepresidente estadounidense J.D. Vance en Islamabad, y solicitó al líder supremo intervenir para imponer controles más estrictos en las negociaciones.
Fuentes políticas iraníes interpretan esta acción como un intento directo de debilitar al equipo negociador y reducir la influencia de Ghalibaf, considerado uno de los aliados políticos más cercanos del nuevo líder supremo.
En un indicio de las preocupaciones económicas dentro del poder, el informe revela que Ali Bagheri Kani fue el único miembro del Consejo Supremo de Seguridad Nacional que se negó a firmar una carta conjunta enviada por el presidente Masoud Pezeshkian y Mohammad Bagher Ghalibaf al líder supremo en abril pasado.
Según funcionarios iraníes, la misiva advertía que la situación económica había alcanzado un punto crítico, señalando una grave crisis presupuestaria y el aumento de la probabilidad de protestas masivas si persistían las presiones sin lograr un acuerdo con Estados Unidos.
Además, Bagheri Kani no solo se abstuvo de firmar, sino que compartió el contenido de la carta con diputados radicales en el Parlamento, quienes filtraron posteriormente detalles de las disputas al público, ampliando el debate nacional.
Masoud Pezeshkian instó a los iraníes a aceptar las dificultades y desafíos actuales.
A pesar de estas objeciones, el nuevo líder supremo continuó apoyando las negociaciones, tanto en declaraciones privadas como en comunicados públicos en los que enfatizó la importancia de preservar la unidad nacional.
En su más reciente pronunciamiento, Mojtaba Jamenei exhortó a los miembros del Parlamento a evitar lo que calificó como divisiones políticas inútiles y a no magnificar las diferencias sociales, advirtiendo que tales conflictos podrían beneficiar a los adversarios de Irán y debilitar la cohesión interna en una etapa especialmente delicada.



