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Estados Unidos reitera su oferta de 100 millones de dólares en ayuda a Cuba en medio de una crisis energética y presiones políticas.

Este miércoles, Estados Unidos renovó su oferta de 100 millones de dólares en asistencia para Cuba, mientras la isla enfrenta una severa crisis económica con cortes eléctricos prolongados. La propuesta se produce después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmara la semana pasada en Roma que La Habana había rechazado una oferta similar, algo que el gobierno comunista cubano ha negado.
El Departamento de Estado estadounidense declaró que La Habana "se niega a permitir que Estados Unidos brinde esta ayuda al pueblo cubano, que tanto la necesita debido a los fracasos del corrupto sistema cubano". Agregó que "la decisión está en manos del régimen cubano: aceptar nuestra oferta de ayuda o rechazar la asistencia (que salva vidas) y, en última instancia, será responsable ante el pueblo cubano por obstaculizar su llegada".
Los suministros de energía en Cuba han caído a niveles récord, según datos recopilados por la agencia France-Presse, con apagones prolongados y una generación eléctrica mínima en los últimos días. De acuerdo con los datos, el 65% del territorio cubano sufrió cortes eléctricos simultáneos el martes.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, culpó directamente a Estados Unidos por esta situación. En un mensaje en X, escribió: "Este deterioro creciente tiene una sola causa: el bloqueo energético que Estados Unidos impone a nuestro país, amenazando con aranceles irracionales a cualquier nación que nos suministre combustible".
Cuba arrastra una crisis energética desde enero, cuando fuerzas estadounidenses capturaron al presidente venezolano y aliado de Cuba, Nicolás Maduro. Washington ha amenazado con imponer aranceles a los países que envíen petróleo crudo a la isla comunista. Hasta ahora, Estados Unidos solo ha permitido la llegada de un petrolero ruso a finales de marzo, que según el expresidente Trump fue un envío único.
La renovación de la oferta estadounidense se da tras la imposición de nuevas sanciones a sectores clave de la economía cubana controlada por el Estado, lo que intensifica la presión sobre La Habana en medio de su creciente crisis económica.