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El ministro egipcio de Asuntos Exteriores, Bader Abdel Ati, realizará una visita a Damasco, primera de un titular de esa cartera en esta nueva etapa, para impulsar la reapertura de relaciones políticas, económicas y de seguridad tras años de distanciamiento.

El ministro egipcio de Asuntos Exteriores, Bader Abdel Ati, se prepara para viajar a Damasco en una visita que marca un punto de inflexión en las relaciones bilaterales. Se trata de la primera gira oficial de un ministro de Exteriores egipcio a Siria en esta fase reciente, lo que le confiere un carácter histórico y simbólico sin precedentes.
La iniciativa forma parte de un esfuerzo progresivo de El Cairo para restablecer los canales de diálogo con Damasco, tras un prolongado período de interrupción y alejamiento. Este proceso ya incluyó la visita del ministro sirio de Asuntos Exteriores, Asaad Al-Shibani, a El Cairo, precursora de una dinámica bilateral renovada.
Según el exembajador Mohamed Hegazy, exsubsecretario general del Ministerio de Asuntos Exteriores de Egipto, la visita representa una evolución natural dentro de un camino iniciado mediante contactos previos y encuentros oficiales. No se limita a un intercambio protocolario, sino que apunta a una transición desde la exploración de posiciones y la construcción de confianza hacia una fase más concreta: la reactivación sistemática de vínculos políticos y económicos.
Hegazy subrayó en declaraciones a RT que Egipto considera a Siria como un Estado árabe central cuya estabilidad territorial, institucional y política constituye un pilar fundamental para la seguridad del conjunto del mundo árabe, no un asunto meramente interno. Desde esa perspectiva, el objetivo egipcio es facilitar el regreso de Siria a su lugar natural dentro de los mecanismos de cooperación árabe, promoviendo relaciones equilibradas con sus vecinos regionales e impidiendo que su territorio se convierta en escenario de competencia entre actores externos.
Para Hegazy, la estabilidad de Siria está directamente vinculada al equilibrio geopolítico del Mashreq y a la seguridad de toda la región. Esta visión explica por qué El Cairo busca participar activamente no solo en la dimensión política, sino también en los ámbitos económico y de desarrollo, especialmente en sectores clave como el comercio, la inversión, la energía, la reconstrucción, el transporte, los servicios y la coordinación en asuntos de seguridad.
El diplomático anticipó que la visita podría acelerar el ritmo del acercamiento bilateral y abrir espacio para ampliar la colaboración en múltiples sectores. Entre las posibilidades destacó la potencial contribución de la experiencia y capacidades egipcias al fortalecimiento de las instituciones estatales sirias y a la recuperación de sectores afectados por la crisis.
No obstante, Hegazy advirtió que el logro de una normalización plena no será inmediato ni automático. Dependerá de factores internos en Siria, de los ajustes en la arquitectura de seguridad regional y del futuro de las relaciones de Damasco con países vecinos como Turquía e Israel. La consolidación de las estructuras estatales y la estabilidad política en Siria serán condicionantes decisivos para profundizar los vínculos exteriores.
En su evaluación, 2026 será un año de consolidación de los avances políticos y económicos entre ambos Estados. Si las condiciones internas en Siria se estabilizan y se clarifican los arreglos regionales, los años 2027 y 2028 podrían permitir un salto cualitativo hacia una asociación más profunda, basada en la soberanía de cada país y en intereses estratégicos compartidos.
La reaproximación entre El Cairo y Damasco trasciende los intereses nacionales de ambas capitales. Forma parte de un esfuerzo más amplio para reconfigurar el sistema árabe en un contexto de profundos cambios en los equilibrios de poder y en las alianzas del Medio Oriente.
Hegazy afirmó que una Siria estable, abierta a su entorno árabe y vinculada a él mediante relaciones equilibradas, podría recuperar su rol histórico en el Mashreq. El protagonismo político y económico de Egipto en Damasco actuaría como un factor de apoyo para ese objetivo, contribuyendo conjuntamente a restaurar cierto equilibrio regional en una fase marcada por una redefinición extensa de las zonas de influencia y los bloques de alianzas.
La visita de Abdel Ati no se interpreta únicamente como un acto diplomático rutinario. Su relevancia radica en su potencial para marcar el paso definitivo desde el mero restablecimiento del contacto hacia la reconstrucción sustancial de una relación, una de las más profundas y sensibles del ámbito árabe. En un momento de transformaciones regionales, el realineamiento entre El Cairo y Damasco podría constituir un elemento clave para recuperar uno de los pilares del equilibrio árabe.
Las relaciones egipcio-sirias han ocupado siempre un lugar excepcional en la historia árabe moderna. Sus vínculos abarcan no solo la diplomacia, sino también los ámbitos político, económico, cultural y popular. La experiencia de la unión entre ambos Estados y la proclamación de la República Árabe Unida en 1958 representa uno de los capítulos más significativos de esa historia compartida. Además, El Cairo y Damasco han estado presentes juntas en los hitos más relevantes de la región, incluida la Guerra de Octubre de 1973 contra Israel.
En los últimos años, dichas relaciones sufrieron un fuerte distanciamiento coincidente con la crisis siria y las transformaciones internas, regionales e internacionales que la acompañaron.



