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El programa 'Internet Pro' enciende la ira contra los ultraconservadores en Irán

El sistema de internet de dos niveles en Irán, el más largo corte en la historia del país, genera una brecha digital y social que aviva el descontento popular.

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El programa 'Internet Pro' enciende la ira contra los ultraconservadores en Irán
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Más de dos meses de cortes de internet, el período más prolongado en la historia de Irán, han desatado una ola de indignación popular. El detonante es el sistema conocido como "internet de dos niveles", que otorga acceso privilegiado a ciertos grupos mientras la mayoría de los ciudadanos carece de una conexión normal con el exterior. Críticos señalan que esta medida profundiza las divisiones sociales y expone fisuras dentro del propio sistema político.

El debate sobre el acceso a la red se ha convertido en un tema político y social sensible, cuyos ecos han llegado a los más altos niveles del gobierno, según reportes de CNN. Aunque los medios oficiales promueven una imagen de unidad interna frente a lo que Teherán califica como una "guerra impuesta" por Estados Unidos e Israel, la controversia es innegable.

Origen y evolución del apagón

El corte actual comenzó el 8 de enero de 2026 en medio de protestas antigubernamentales. Las restricciones se aliviaron temporalmente, pero se endurecieron nuevamente tras los ataques estadounidenses e israelíes del 28 de febrero. Durante este periodo, millones de iraníes perdieron el acceso a internet global, mientras que solo unos pocos servicios locales limitados permanecieron operativos.

En contraste, la Compañía de Comunicaciones Móviles de Irán (MCI), estrechamente vinculada a la Guardia Revolucionaria, lanzó el programa "Internet Pro". Este servicio ofrece una conexión más estable y menos restrictiva a grupos específicos, siempre que demuestren pertenencia a ámbitos profesionales o académicos.

Una brecha digital y social

Según críticos, este sistema ha creado una profunda división entre una "élite digital" con acceso relativamente abierto y la mayoría de la población, que depende de costosas redes VPN o simplemente carece de conexión real. "Imagina gastar tus últimos ahorros en unos pocos gigabytes solo para abrir una aplicación o leer noticias, y luego ver a otros usando internet como si nada hubiera pasado", dijo Faraz, un residente de Teherán de 38 años.

Con el aumento de las restricciones, el mercado de VPN en Irán ha florecido y los precios se han disparado. Organizaciones de derechos humanos estiman que las pérdidas por el corte de internet alcanzan los 1.800 millones de dólares en solo dos meses, una cifra que coincide con las estimaciones de la Cámara de Comercio iraní. Informes económicos indican que el costo del internet indirecto se ha convertido en una carga adicional para las familias, que ya sufren una alta inflación y salarios limitados, con un ingreso mensual promedio de entre 20 y 35 millones de tomans (aproximadamente 240 a 420 dólares).

Medios independientes señalan que "Internet Pro" ha contribuido a "dividir la sociedad iraní en dos clases digitales": una capa limitada disfruta de conexiones rápidas y sin censura, mientras que el resto vive bajo restricciones severas y altos costos de acceso. El costo de las suscripciones anuales al nuevo servicio alcanza los dos millones de tomans, con tarifas adicionales de activación y consumo de datos, en comparación con los precios mucho más bajos del internet tradicional, que ahora es de eficacia limitada.

Ante esta brecha, han surgido intentos ilegales de obtener internet sin restricciones a través de dispositivos Starlink, aunque su uso está prohibido y expone a los usuarios a procesos de seguridad.

Divisiones internas en el gobierno

El sistema de "internet de dos niveles" ha generado divisiones dentro de las propias instituciones estatales. El Consejo Supremo de Seguridad Nacional apoyó el lanzamiento del programa, mientras que el gobierno del presidente Masoud Pezeshkian se opuso a la idea del acceso escalonado, considerándolo injusto. La oficina del presidente calificó las restricciones a internet como "injustificadas", y el ministro de Comunicaciones, Sattar Hashemi, afirmó que el acceso a la red es un derecho de todos los ciudadanos, añadiendo que el sistema de clases digitales es "inútil".

Por otro lado, funcionarios ultraconservadores defendieron la política, argumentando que es necesaria para proteger la infraestructura de ciberataques y garantizar la continuidad de los servicios básicos durante las crisis. Las autoridades justificaron el programa como una medida de emergencia para permitir que profesiones vitales, como médicos, periodistas e investigadores, continúen trabajando.

Sin embargo, esta justificación no ha mitigado las críticas. Organizaciones profesionales como el Sindicato de Enfermeras y la Asociación Iraní de Psiquiatría calificaron el sistema como una "profundización de la discriminación social" y una causa adicional de estrés psicológico y pérdida de confianza pública. El abogado Mohammad Hamed Shahriar declaró que el asunto ya no es solo censura en internet, sino una "redefinición de quién tiene derecho a acceder al mundo digital".

Corrupción y mercado negro

El malestar popular crece ante lo que muchos iraníes consideran un "sistema de privilegios digitales", especialmente con la aparición de tarjetas "Internet Pro" en el mercado negro y acusaciones de corrupción y abuso de influencia dentro del sistema de acceso a la red. El jefe del poder judicial, Gholam Hossein Mohseni Ejei, advirtió sobre el uso ilegal del sistema y pidió una investigación sobre el "acceso discriminatorio y corrupto".

Voces reformistas dentro de Irán advierten que este enfoque agrava el sentimiento de injusticia y alimenta la división social, justo cuando las autoridades intentan mostrar un frente interno unido frente a las presiones externas. La realidad sobre el terreno, sin embargo, apunta en la dirección opuesta: el tema de internet se ha convertido en un nuevo símbolo de la desigualdad social y política, y en una clara revelación de las crecientes fisuras dentro del propio sistema iraní, entre quienes tienen acceso al mundo digital y quienes están completamente privados de él.

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