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Estados Unidos anunció sanciones contra cinco empresas cubanas vinculadas a GAESA y a la esposa de Alejandro Castro Espín, intensificando la presión económica sobre Cuba.

El martes, Estados Unidos anunció la imposición de nuevas sanciones contra personas y empresas en Cuba, como parte de las medidas económicas dirigidas a presionar al gobierno de La Habana.
Las sanciones afectan a cinco compañías cubanas vinculadas al «Grupo de Administración Empresarial de Cuba» (GAESA), además de a Anaili Liliam, esposa de Alejandro Castro Espín, hijo del expresidente cubano Raúl Castro.
El Departamento de Estado estadounidense detalló que las sanciones incluyen a los intermediarios financieros del grupo, «Rafin» y «Banco Financiero Internacional», junto con el brazo logístico «Almacenajes Universales», la empresa minera estatal «Cimex» y «Antillana de Acero», el mayor productor de acero en Cuba.
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, afirmó que GAESA continúa operando como una fuerza financiera que respalda a los órganos de seguridad del régimen cubano.
Las medidas implican la congelación de cualquier activo bajo jurisdicción estadounidense perteneciente a las entidades y personas sancionadas, así como la prohibición de acceso al sistema financiero de Estados Unidos o realizar transacciones con entidades estadounidenses.
Estas nuevas sanciones forman parte de una serie de acciones adoptadas por Washington en los últimos meses para aumentar la presión sobre Cuba, que han incluido a empresas y personas vinculadas al gobierno cubano.
En semanas recientes, Estados Unidos había impuesto sanciones al presidente cubano Miguel Díaz-Canel y a varios miembros de la familia Castro, entre ellos Alejandro Castro Espín, antes de extender las medidas a su esposa Anaili Liliam.
Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, criticó la decisión estadounidense y escribió en la plataforma «X» que el gobierno de Estados Unidos continúa intensificando la presión sobre la economía cubana.
Alejandro Castro Espín es una figura destacada en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, habiendo participado en negociaciones secretas que condujeron a la reanudación de relaciones diplomáticas entre ambos países en 2015.
Informes mediáticos indican que algunos miembros de la familia Castro Espín residen en el estado de Florida, Estados Unidos.
Estas medidas se producen en un contexto de crisis económica creciente en Cuba, caracterizada por la escasez de alimentos subsidiados, la disminución en el suministro de combustible, medicamentos y agua potable.
Además, los cortes de electricidad que superan las 30 horas se han vuelto frecuentes en varias zonas de la isla.
Desde enero pasado, Cuba enfrenta una grave crisis energética tras perder una de sus principales fuentes de suministro petrolero proveniente de Venezuela, en medio de las presiones estadounidenses sobre el comercio de petróleo hacia la isla.
En abril, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel afirmó que el país está sometido a un bloqueo que impide la llegada de importaciones de petróleo, y aseguró que Cuba no cederá ante presiones externas.
En declaraciones a la cadena estadounidense NBC, Díaz-Canel manifestó: «Tenemos un Estado soberano y libre, con derecho a la autodeterminación e independencia, y no estamos subordinados a los planes de Estados Unidos». Añadió que «el gobierno estadounidense que ha aplicado esa política hostil contra Cuba no tiene derecho a exigir nada a nuestro país», y afirmó que «el concepto de rendición de los revolucionarios y su renuncia a sus cargos no forma parte de nuestro vocabulario».
En enero, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó a Cuba con consecuencias no especificadas, advirtiendo sobre la continuidad del flujo de petróleo venezolano y dinero hacia la isla.
Díaz-Canel respondió en ese momento a las amenazas estadounidenses afirmando que Cuba es «una nación libre e independiente» y subrayando que «nadie nos dicta lo que debemos hacer».
Las sanciones recientes son una continuación de la política de presión adoptada por la administración Trump contra La Habana, que incluyó medidas contra funcionarios y empresas vinculadas al régimen cubano, así como acciones dirigidas al sector energético.
En respuesta a estas presiones, Rusia ha incrementado su apoyo a Cuba en los últimos meses. A finales de marzo, llegó a la isla el petrolero ruso «Anatoli Kolodkin» con aproximadamente 730 mil barriles de crudo, la primera carga recibida por Cuba desde enero.
En abril, Moscú anunció su disposición para enviar un segundo petrolero, y el viceministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, durante una visita a La Habana, manifestó el apoyo total de su país a Cuba.
Díaz-Canel expresó su agradecimiento a Rusia por el suministro de petróleo, señalando que esto demuestra que Cuba «no está sola».
Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba han estado marcadas por tensiones desde la revolución cubana en 1959, con una apertura relativa tras la reanudación de relaciones diplomáticas en 2015 durante la presidencia de Barack Obama, para luego retornar a un camino de escalada con las políticas más estrictas adoptadas por la administración Trump.
Alina Fernández vivió una infancia ideal en La Habana hasta que descubrió que el hombre que la crió no era su padre biológico.
En ese momento, su madre, Natalia Revuelta, le reveló que su verdadero padre no era el médico Orlando Fernández, a quien ella conocía, sino el líder cubano Fidel Castro, figura omnipresente en la televisión y en todos los aspectos de la vida pública en Cuba.
Décadas después de ese descubrimiento, Fernández, de 70 años y residente en Estados Unidos, sigue hablando sobre el impacto y la sensación de traición que le causó esa revelación.
En una entrevista con el diario Daily Mail, Fernández afirmó que desde el principio comprendió que Castro no sería un padre en el sentido tradicional, a pesar de los intentos de su madre por mantener algún vínculo entre ellos.
Considera que los regímenes no caen por sí solos, sino que requieren presiones externas para su derrocamiento, y sostiene que el pueblo cubano no puede lograr el cambio por sí solo debido a la naturaleza del sistema vigente.
Aunque aclara que no defiende una invasión estadounidense a Cuba, señala que muchas personas dentro de la isla consideran que su situación es insostenible.
Fernández protagoniza actualmente el documental «Hija de la revolución», estrenado en Miami, que presenta historias de varios exiliados cubanos.
El título del filme refleja la contradicción en su vida: es hija del hombre que lideró la revolución cubana, pero también una de sus críticas más destacadas.
Afirma que el exilio no ha logrado romper su conexión con su país natal, y añade: «Vivimos aquí, pero nuestro hogar está allá».
Su historia se remonta a una familia perteneciente a la clase alta de La Habana antes de la revolución. Su madre, Natalia Revuelta, fue una destacada partidaria del movimiento revolucionario contra el presidente Fulgencio Batista, apoyando financieramente a los insurgentes y facilitando sus reuniones.
Durante ese período, mantuvo una relación con Fidel Castro que resultó en el nacimiento de Alina, aunque la verdad sobre su paternidad permaneció oculta durante años hasta que su madre decidió revelarla.
Tras la revelación, Orlando Fernández se trasladó a Estados Unidos con otra hija de la familia, cortando la relación con Alina, quien aún lo considera su padre a pesar de los hechos.
Después del triunfo de la revolución, Alina permaneció en La Habana con su madre, mientras Castro apareció en su vida de manera intermitente. Describe su relación con él como extraña e inestable, ya que la visitaba ocasionalmente y luego desaparecía por largos períodos.
Cuando le ofrecieron llevar su apellido, rechazó la propuesta para preservar su independencia, aunque alejarse de la sombra de Castro era casi imposible en un país donde la vida cotidiana estaba ligada a la figura del líder y sus discursos constantes.
Desde sus primeros años, adoptó posturas críticas hacia algunas políticas de su padre, rechazando el llamado «trabajo voluntario» obligatorio en los campos y criticando las restricciones a las actividades económicas pequeñas.
Señala que la ideología dividió a las familias cubanas y generó profundas fracturas en la sociedad, y afirma que sus diálogos con Castro siempre fueron unidireccionales, ya que él prefería expresar sus opiniones en lugar de escuchar a los demás.
En 1993, decidió huir de Cuba tras años de represión y crisis económica, disfrazada de turista española, dejando atrás a su hija adolescente, quien luego logró reunirse con ella en Estados Unidos gracias a la mediación del pastor estadounidense Jesse Jackson.
Fernández se estableció en Miami y trabajó como técnica de laboratorio, antes de regresar brevemente a Cuba en 2014 para cuidar a su madre enferma, quien falleció al año siguiente tras mantenerse leal a Castro hasta el final, algo que Fernández no pudo comprender ni aceptar.
A pesar de sus duras críticas hacia su padre, reconoce que fue una figura de influencia mundial y que tuvo un papel central en la difusión de las ideas de los movimientos de liberación del siglo XX, aunque afirma que su verdadero orgullo no está vinculado a él, sino a su capacidad para construir una identidad independiente de su pesado legado.
Fernández no oculta su admiración por el presidente estadounidense Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio, aunque advierte contra la ingenuidad en el trato con el liderazgo cubano.
También duda que Raúl Castro, quien gobernó entre 2008 y 2018, siga siendo el verdadero poder en Cuba, y asegura no tener información precisa sobre el equilibrio actual de fuerzas en La Habana, especialmente porque nunca se sintió parte de la familia Castro.
A pesar de décadas de exilio y confrontación con el legado de su padre, Fernández mantiene una profunda nostalgia por la isla que dejó atrás.
Describe su primer regreso a Cuba tras muchos años como una experiencia emotiva y llena de sentimientos encontrados, y afirma que sueña con volver a vivir allí algún día si el país experimenta el cambio que espera.
Concluye señalando que Cuba, a pesar de todo el dolor y los recuerdos complejos que representa, sigue siendo el hogar que no ha podido abandonar completamente en su corazón.



