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Hospitalidad sin costo
Liberia anunció que recibirá hasta 1200 migrantes deportados de Estados Unidos en los próximos 12 meses, marcando un cambio significativo en la política de deportación de la administración de Donald Trump.

Libya ha revelado que recibirá hasta 1200 migrantes deportados de Estados Unidos durante los próximos 12 meses, una medida que refleja un cambio notable en el alcance de la política de deportación adoptada por la administración del presidente estadounidense Donald Trump, que ahora depende cada vez más del traslado de migrantes a terceros países en lugar de su devolución a sus países de origen.
Libya acogió la primera agrupación de migrantes deportados de Estados Unidos, cumpliendo con su compromiso de alojarlos durante el próximo año. Este hecho representa un cambio en el continente africano, ya que hasta ahora las naciones africanas que han firmado acuerdos con Washington solo han recibido ligeramente más de 300 personas.
Durante los últimos dieciocho meses, la administración Trump ha implementado un amplio programa de deportación de ciudadanos extranjeros que residen ilegalmente en Estados Unidos hacia terceros países, especialmente personas que no pueden ser devueltas a sus países de origen por diversas razones, incluido el miedo al trato discriminatorio.
Entre los aproximadamente 1200 personas que Liberia está preparada para recibir, se encuentran migrantes de países africanos y latinoamericanos, entre ellos Kilmar Abrigo García, el migrante salvadoreño que vivió en Estados Unidos durante 15 años y se convirtió en una figura emblemática del debate sobre la política de deportación de la administración Trump.
Washington lo deportó ilegalmente a El Salvador, donde fue encarcelado, antes de ser devuelto a Estados Unidos tras demostrar su defensa que su vida estaría en peligro en su país de origen. Desde entonces, Abrigo García se ha convertido en una molestia para la administración estadounidense, y actualmente enfrenta el riesgo de ser deportado a Libia, que el año pasado aceptó acogerlo "bajo consideraciones humanitarias puras".
Libia: "hospitalidad" sin costo
Así, Libia se suma a la lista de países que han firmado acuerdos con Estados Unidos para recibir migrantes deportados, en arreglos que en algunos casos incluyen exámenes o exenciones de visados.
La nación ubicada en África Occidental, con una población de unos 5,5 millones de habitantes, afirmó que no solicitó ni recibió "ningún pago ni promesa de recompensa" a cambio de acoger a los deportados, destacando que su decisión surge del "auténtico espíritu de hospitalidad africana".
El gobierno libriano indicó que los deportados serán recibidos "como invitados", con el suministro de "apoyo y seguridad necesarios durante su estancia", y precisó que podrán presentar solicitudes de asilo.
Pese al carácter "humanitario" que describen las autoridades librianas del programa, Monrovia obtuvo en junio un privilegio que consiste en su inclusión entre las 20 naciones africanas donde Estados Unidos mantendrá una consulía capaz de emitir visados, mientras planea reducir a la mitad la red de embajadas en el continente.
Este privilegio llegó tras la visita del presidente libriano Joseph Boakai al Palacio Oval el año pasado, en un contexto de relaciones históricas estrechas entre ambos países.
Los orígenes de estas relaciones se remontan al siglo XIX, cuando Libia era una región con autonomía parcial, y la Sociedad de Colonización Americana fomentó entonces la "reinstalación" de afroamericanos libres y esclavos liberados en África.
Las autoridades librianas han basado su decisión de acoger grandes cantidades de deportados en este legado histórico, argumentando que el país fue refugio para esclavos liberados de Estados Unidos y otros lugares, y que negarse a acoger ciudadanos provenientes de terceros países iría en contra de sus intereses superiores.
África se convierte en destino de deportación
Bajo presión de Washington, aumenta el número de países africanos que aceptan acoger migrantes que Estados Unidos considera indeseables. Lo que comenzó como un flujo limitado hacia un pequeño número de países, como parte de un esfuerzo estadounidense para incentivar a los países de origen a aceptar el retorno de sus ciudadanos, se está transformando gradualmente en una política más extendida.
Junto con América Latina, África se ha convertido en un eje principal de este programa, con 15 países africanos incluidos entre los receptores, entre ellos Camerún, República Centroafricana, Guinea Ecuatorial y Ghana.
Según datos del "Observatorio de la Deportación a Países Terceros", organización que monitorea la situación de los deportados, se han trasladado al menos 300 migrantes de diversas nacionalidades, incluyendo vietnamitas, iraníes, turcos, colombianos y cubanos, durante un año a países que algunos de ellos nunca habían visitado ni hablan su idioma.
La persuasión y la amenaza
Para convencer a los países terceros de acoger a los deportados, Estados Unidos ha recurrido a una combinación de incentivos y amenazas, según una investigación de la agencia AFP, que incluye la firma de acuerdos que alcanzan valores de millones de dólares, el pago de salarios a fuerzas de seguridad, así como la reducción de restricciones de visados y aranceles aduaneros.
De esta forma, el tema de la deportación de migrantes ya no se limita a la repatriación de personas a sus países de origen, sino que se ha convertido en una herramienta diplomática utilizada por la administración Trump para redefinir redes de entendimiento con países terceros, especialmente en África, que asume una carga creciente de la política migratoria estadounidense.
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