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Un intento de agresión contra un imán en Argelia, tras una predicación sobre las «pandillas urbanas», ha reabierto el debate público y coincidido con nuevas campañas estatales contra estos grupos.

Un intento de agresión contra el imán de una mezquita en Argelia ha vuelto a colocar bajo foco mediático la presencia y actividad de las llamadas «pandillas urbanas». El incidente ocurrió tras una predicación del viernes centrada en este fenómeno, lo que desató una nueva ola de discusión nacional. Las autoridades han respondido con el lanzamiento de nuevas operaciones dirigidas específicamente contra estas agrupaciones.
En julio pasado, el presidente Abdelmadjid Tebboune afirmó que «el Estado libra una guerra encarnizada contra las pandillas urbanas». Subrayó que la seguridad de los ciudadanos argelinos constituye una línea roja inquebrantable y anunció la adopción de medidas concretas para proteger a la población frente a estas estructuras.
En 2020, Argelia promulgó la ordenanza legislativa n.º 20-03, que establece formalmente la definición de estas agrupaciones. Según dicho texto, se considera «pandilla urbana» a «toda agrupación compuesta por dos o más personas que actúa dentro de barrios residenciales con el objetivo de sembrar el terror o crear un clima de inseguridad mediante agresiones físicas o verbales contra personas o sus bienes».
Según informes periodísticos locales, estas organizaciones buscan imponer su control sobre zonas residenciales mediante la generación deliberada de miedo entre los vecinos. Para ello recurren sistemáticamente a robos y actos de violencia generalizados. Además, graban y difunden en redes sociales vídeos de asaltos y enfrentamientos internos entre distintas pandillas, como forma de exhibir su poder y capacidad operativa.
A finales de julio, Tebboune declaró que «todos en el Estado están movilizados para erradicar el fenómeno de las pandillas urbanas». Sin embargo, no especificó plazos temporales ni detalló los mecanismos operativos que las autoridades emplearán para cumplir dicho objetivo.
A pesar de que esta problemática persiste desde hace décadas, las autoridades argelinas continúan analizando las causas profundas que han propiciado su expansión. Informes de seguridad y estudios jurídicos señalan que el consumo y tráfico de alucinógenos y drogas duras constituyen el combustible principal que alimenta tanto los actos de violencia como la falta de conciencia de los autores, muchos de ellos jóvenes que, con el tiempo, han evolucionado hacia estructuras criminales organizadas.
Otros factores recurrentemente citados en análisis locales incluyen la desintegración familiar, el abandono escolar temprano y el elevado índice de desempleo juvenil en los nuevos complejos residenciales. Estos elementos son identificados como condicionantes clave en la proliferación del fenómeno.
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