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Irán busca acceder a entre 100 y 120 mil millones de dólares congelados en el extranjero para enfrentar su crisis económica tras años de sanciones.

En medio de la escalada militar en la región, se desarrolla una de las negociaciones más delicadas entre Washington y Teherán: la liberación de los fondos iraníes congelados en el exterior. El régimen iraní, que en meses recientes amenazó con usar el estrecho de Ormuz como una herramienta de presión geopolítica, ahora parece buscar una salida menos riesgosa que un chantaje marítimo que podría desencadenar un conflicto regional de mayor envergadura.
Según estimaciones citadas por la agencia Reuters y reportes del Instituto de Estados Unidos para la Paz, Irán posee entre 100 y 120 mil millones de dólares en activos congelados fuera del país. La mayoría de estos fondos se acumularon tras la reinstauración en 2018 de las sanciones petroleras y financieras por parte de la administración del presidente Donald Trump, luego de su retirada del acuerdo nuclear.
Estos recursos están distribuidos en varios países, con informes que indican más de 20 mil millones de dólares en China, alrededor de 7 mil millones en India, y casi 6 mil millones vinculados a contratos de gas y electricidad en Irak. Además, existen fondos adicionales en Japón, Luxemburgo y Qatar.
El asunto más sensible gira en torno a 6 mil millones de dólares transferidos de Corea del Sur a Qatar como parte de un intercambio de prisioneros en 2023, aunque estos fondos permanecen bajo estricta supervisión estadounidense. En abril pasado, Reuters citó a una fuente iraní de alto nivel que afirmó que Washington había dado su aprobación preliminar para liberar parte de ese dinero, señalando que esta medida estaba "directamente vinculada a garantizar el tránsito seguro por el estrecho de Ormuz". Sin embargo, un funcionario estadounidense negó la existencia de un acuerdo definitivo.
A pesar de la negación de Estados Unidos, la simple asociación de los fondos congelados con la seguridad de la navegación revela la naturaleza del acuerdo que se negocia en silencio: Irán obtendría un alivio financiero inmediato a cambio de una reducción de tensiones en una vía crucial para el suministro energético mundial.
En la reciente confrontación, Teherán intentó utilizar el estrecho de Ormuz como una carta de presión económica, ya sea amenazando con su cierre o proponiendo arreglos financieros y tarifas vinculadas al paso de embarcaciones. Washington respondió con firmeza, advirtiendo desde el Departamento del Tesoro que cualquier pago a Irán por un "paso seguro" a través del estrecho podría exponer a empresas y bancos a sanciones estadounidenses. Paralelamente, la administración estadounidense continuó imponiendo nuevas sanciones a redes petroleras iraníes y a compañías que evaden las sanciones, especialmente a través de China, según informó Reuters.
La liberación gradual de los fondos congelados parece ofrecer a ambas partes una alternativa menos arriesgada que convertir el estrecho en un escenario permanente de chantaje. Washington busca mantener abierto el paso sin conceder públicamente una concesión política a Teherán, mientras que Irán necesita liquidez tras una guerra que ha agotado su economía y ha debilitado su capacidad para financiar tanto al interior del país como a sus aliados regionales.



