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Irán enfrenta una crisis económica y militar creciente bajo presión estadounidense, mientras las señales indican que la guerra ha dañado gravemente su economía sin obligar aún a Teherán a ceder.

Irán enfrenta un desafío difícil con el aumento de las presiones económicas y militares estadounidenses, en un momento en que aumentan las señales de que la guerra ha causado grandes daños a la economía iraní, sin que la dirección en Teherán haya aceptado hasta ahora las demandas estadounidenses.
El presidente iraní Masoud Pezeshkian dijo que poner fin a la guerra podría ser la mejor opción en este momento, siempre que Irán siga en una posición de "fuerza y dignidad", mientras que el presidente del parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió que la continuación de las presiones económicas podría amenazar la capacidad del país para resistir, destacando que la fuerza militar sola no basta ante la caída de la producción y el crecimiento y el deterioro de las condiciones de vida.
Según expertos, estas declaraciones reflejan un reconocimiento creciente dentro de la dirección iraní sobre la dificultad de mantener el estado actual, pero no significa necesariamente que Teherán esté dispuesta a hacer grandes concesiones en cualquier negociación con Washington, según "Iran International".
Las cálculos iraníes coinciden con el momento en que Estados Unidos se prepara para intensificar su guerra económica contra Teherán. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, se comprometió a imponer lo que describió como "las sanciones más severas en la historia", al mismo tiempo que continúa el bloqueo marítimo que obstaculiza el comercio iraní.
Irán enfrenta la crisis en medio de una economía que ya sufre inflación y la depreciación de la moneda. Según datos oficiales, la tasa anual de inflación en julio alcanzó aproximadamente el 66%, mientras que los precios de los alimentos subieron un 128% respecto al año anterior.
Raz Zimet, director del programa de investigación sobre Irán y el eje chiita en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional israelí, considera que estas presiones podrían haber llevado a algunos funcionarios iraníes a reevaluar la capacidad del país para soportar la guerra, aunque eso no implica un consenso en Teherán sobre una solución.
Zimet señala que la dirección iraní podría verse frente a dos opciones difíciles: o asumir los riesgos de continuar la guerra y el escalonamiento, o hacer concesiones que Teherán podría ver como una rendición total ante Estados Unidos.

Desde su perspectiva, la posibilidad de que Irán acepte condiciones que considere humillantes o que amenacen la supervivencia del régimen sigue siendo baja, especialmente en vista de que algunas facciones de la dirección creen que Washington y Tel Aviv no lograron obligar a Teherán a hacer concesiones sustanciales a pesar de las presiones militares y económicas.
Los cálculos de Teherán no se limitan a las presiones actuales, sino que abarcan también lo que podría suceder tras llegar a cualquier acuerdo. Según el análisis, la dirección iraní teme hacer concesiones estratégicas, como reducir su control sobre el estrecho de Ormuz, a cambio de una tregua que podría no ser permanente.
Estas preocupaciones aumentan con declaraciones estadounidenses que hablan abiertamente sobre la posibilidad de derrocar el régimen iraní mediante presión económica. Bessent afirmó que la combinación de sanciones y bloqueo podría llevar a "el colapso de este régimen", a pesar de su acento en que el éxito de las presiones económicas podría reducir la necesidad de lanzar una nueva campaña militar amplia.
Teherán interpreta estas declaraciones como prueba de que el objetivo de Washington podría ir más allá de obligarla a hacer concesiones específicas, hacia el intento de debilitar el propio régimen, lo cual podría impulsar a los sectores más radicales dentro de Irán a rechazar cualquier solución que vean como una oportunidad para que Estados Unidos continúe ejerciendo presión después del cese de las hostilidades.
Asimismo, la experiencia del retiro estadounidense del acuerdo nuclear durante la primera presidencia de Donald Trump arroja sombras sobre los cálculos actuales. Entonces, Irán inició una política de "paciencia estratégica", antes de pasar gradualmente a medidas más escalonadas conforme aumentaban los daños económicos, incluyendo ataques a barcos en el Golfo y el derribo de un dron estadounidense.

El estrecho de Ormuz representa uno de los elementos clave de poder que aún tiene Irán para enfrentar las presiones estadounidenses. Tras décadas de amenaza de cerrar el paso acuático vital, Irán logró durante la guerra interrumpir significativamente la navegación.
Según datos de la empresa Kepler, solo siete barcos mercantes atravesaron el estrecho el jueves, comparado con más de 130 barcos diarios antes del inicio de la guerra.
Zimet cree que la dirección iraní podría ver en esta situación una oportunidad para utilizar el estrecho como carta de negociación, causando daños económicos a países de la región y a la economía mundial antes de entrar en negociaciones serias.
De este modo, la opción iraní podría no ser la rendición inmediata a las presiones, sino elevar primero el nivel de escalada con el fin de mejorar las condiciones de negociación posteriormente.
Este escenario advierte que el aumento de las presiones estadounidenses podría tener un efecto contrario, ya que podría empujar a Teherán a tomar medidas más duras en lugar de hacer concesiones.
En última instancia, la pregunta fundamental sigue siendo si las presiones económicas y militares obligarán a Irán a buscar una solución, o si convencerán a su dirección de que el escalonamiento es el medio más adecuado para mejorar su posición antes de regresar a la mesa de negociaciones. Hasta ahora, no hay indicios claros de que Teherán haya tomado esta decisión.



