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Estados Unidos e Irán enfrentan dificultades en negociaciones por la entrega inmediata de liquidez, un punto clave que complica el acuerdo para poner fin a la guerra.

Durante semanas, Estados Unidos e Irán han intentado alcanzar un acuerdo preliminar para finalizar el conflicto, pero una de las principales trabas en las negociaciones ha sido la exigencia iraní de recibir liquidez inmediata. Esta demanda representa un riesgo político considerable para el presidente estadounidense Donald Trump.
Un informe del Wall Street Journal señala que, para Trump, liberar anticipadamente activos iraníes generaría inevitables comparaciones con sus críticas a la administración Obama, que inyectó fondos a Teherán tras la implementación del acuerdo nuclear en enero de 2016.
Este mismo año, Trump se comprometió a negociar un pacto "mucho mejor" que el anterior, al que cuestionó durante años y del cual finalmente se retiró, en parte porque facilitaba liquidez a Irán.
Actualmente, según el citado diario, Trump negocia con un régimen que otorga máxima prioridad a obtener liquidez rápidamente, mientras se realizan esfuerzos para contener las consecuencias del conflicto antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato.
Las conversaciones entre Washington y Teherán, que se llevan a cabo desde hace semanas a través de intermediarios, consisten en un intercambio de propuestas que ambas partes rechazan parcialmente. Trump continúa amenazando con reanudar la guerra, aunque ha anticipado repetidamente una pronta solución, mientras persisten enfrentamientos esporádicos.
En paralelo, el general Mohsen Rezaei, principal asesor del líder supremo iraní, declaró a la cadena CNN que "24 mil millones de dólares es una suma pequeña para Estados Unidos si desea alcanzar un acuerdo con Irán. Ese dinero es nuestro, no de Estados Unidos".
Los líderes iraníes manifiestan una profunda desconfianza hacia Estados Unidos, que se retiró de un acuerdo previo para liberar fondos iraníes, abandonó el pacto nuclear de 2015 y aplicó nuevas sanciones económicas contra Irán.
Washington sostiene que Irán podría eventualmente acceder a algunos activos confiscados, pero no entregará sumas por adelantado ni se comprometerá a cantidades específicas. Además, descarta flexibilizar sanciones más amplias, como permitir exportaciones petroleras iraníes sin penalizaciones.
El conflicto en torno a estos activos afecta las repercusiones políticas de la anterior diplomacia entre ambos países y la falta de confianza mutua.
La decisión de la administración Obama de transferir 400 millones de dólares a Irán en el marco del acuerdo de 2015, como parte de un pago total de 1.7 mil millones, fue una acción criticada y considerada un golpe para un pacto ya cuestionado.
El Wall Street Journal recordó que Trump abandonó el acuerdo nuclear en 2018, argumentando que este permitía a Irán un camino legal para poseer armas nucleares, no abordaba el programa de misiles iraní ni su apoyo al terrorismo, y que "enriqueció al régimen iraní y le facilitó sus prácticas maliciosas".
En 2023, la administración Biden autorizó el acceso de Irán a activos por valor de 6 mil millones de dólares vinculados a un intercambio de prisioneros, lo que generó críticas severas entre los republicanos. Estos fondos fueron congelados informalmente semanas después de que el movimiento Hamas, respaldado por Irán, asesinara y secuestrara civiles israelíes.
En Estados Unidos, los detractores de la diplomacia advierten que entregar dinero a Irán podría fortalecer sus defensas y aumentar su respaldo a redes de milicias regionales, incluyendo Hamas y el grupo libanés Hezbolá.
Los fondos congelados de Irán representan una posible negociación que podría desencadenar un conflicto político en Washington.



