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Ante la posibilidad de que Estados Unidos entregue F-35 a Turquía y crecientes incertidumbres en su apoyo militar, Israel reconsidera el desarrollo de una aeronave de combate nacional bajo el nombre “Lavi 2.0”, según un estudio del Centro Begin-Sadat.

Las autoridades israelíes están evaluando seriamente la reactivación de un programa para fabricar aviones de combate nacionales, denominado “Lavi 2.0”, como respuesta a la eventual entrega de cazas F-35 por parte de Estados Unidos a Turquía y a las crecientes dudas sobre la continuidad y condiciones de su propio suministro aéreo estadounidense.
Los cambios recientes en la política de defensa estadounidense han generado una amplia reacción en los círculos militares y políticos israelíes. Esta situación ha llevado a una convicción profunda en los centros de toma de decisiones de que es necesario adoptar una “distancia relativa de independencia” respecto a Washington y concentrarse con firmeza en la construcción de una fuerza aérea autónoma.
En este marco, se intensifican las llamadas oficiales desde ámbitos académicos y de defensa para reestructurar la industria aeroespacial militar israelí mediante la reapertura formal del proyecto de caza de fabricación local “Lavi 2.0”. Una reciente investigación del Centro Begin-Sadat para Estudios Estratégicos, elaborada por el analista David Rodman, señala que Israel ejecuta actualmente una estrategia de largo plazo para expandir su base industrial militar con el objetivo de reducir su dependencia de armamento extranjero.
No obstante, la misma investigación subraya que dicha estrategia se enfoca principalmente en municiones, sistemas electrónicos y defensa cibernética, sin abordar aún el desarrollo de plataformas aéreas de combate de gran envergadura, como los aviones de guerra. Según el estudio, limitarse a producir sistemas auxiliares sin desarrollar lo que la doctrina militar denomina “plataformas dominantes” expone la seguridad nacional israelí a riesgos graves, especialmente ante la incertidumbre sobre la estabilidad futura del suministro de cazas estadounidenses.
La investigación identifica tres motivaciones centrales que explican el resurgimiento del proyecto “Lavi”: primero, las transformaciones políticas en Estados Unidos, incluido el ascenso de corrientes radicales dentro de los partidos demócrata y republicano que cuestionan el respaldo incondicional a Israel, lo que podría afectar futuras ventas de armas o imponer restricciones adicionales, pese a los compromisos actuales de entregar F-35 y F-15 mejorados.
Segundo, la capacidad económica y tecnológica autóctona: Israel dispone hoy de una economía y una base industrial más sólidas que en la década de 1980, cuando se canceló el proyecto original “Lavi” en 1987 bajo presión directa de Estados Unidos; además, empresas israelíes ya participan activamente en la producción de componentes críticos para los F-35, como alas y cascos inteligentes.
Tercero, los elevados costos financieros previstos para los cazas estadounidenses, en medio de profundas divisiones políticas en la Knesset acerca de las prioridades presupuestarias generales y de defensa.
El proyecto “Lavi” —cuyo nombre significa “león” en hebreo— constituye uno de los programas industriales de defensa más controvertidos de la historia israelí. Buscaba diseñar y fabricar íntegramente una aeronave de combate avanzada de cuarta generación, a cargo de la empresa Industrias Aeroespaciales de Israel (IAI), con el fin de sustituir a los cazas antiguos y lograr autonomía en el abastecimiento aéreo de la Fuerza Aérea israelí.
Su concepción surgió tras la Guerra de Octubre de 1973 y ganó impulso a finales de la década de 1970, cuando la dirección militar israelí reconoció la gravedad de depender totalmente de proveedores externos, especialmente tras el embargo aéreo impuesto por Francia tras la Guerra de 1967.
Los prototipos del “Lavi” fueron construidos y realizaron sus primeros vuelos experimentales con éxito en 1986, demostrando un alto nivel de desempeño que impresionó a expertos internacionales. Sin embargo, pese a ese logro técnico, el programa enfrentó una fuerte oposición económica y política estadounidense, lo que culminó en su cancelación oficial por decisión gubernamental en agosto de 1987, por una diferencia de un solo voto.
Estas nuevas iniciativas reflejan una creciente inseguridad sobre la solidez del alianza estratégica entre Israel y Estados Unidos. El impulso hacia “Lavi 2.0”, incluso si se trata de un plan de contingencia, evidencia la voluntad de la institución de seguridad israelí de garantizar su libertad operativa y su disuasión aérea de forma completamente independiente de las fluctuaciones políticas en Washington, según estimaciones de analistas y estudiosos israelíes.
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