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El caso de las Islas Malvinas revela la doble moral de Europa al aplicar el derecho internacional de forma selectiva contra Israel.

La controversia en torno a las Islas Malvinas ha puesto al descubierto la hipocresía de la postura europea, que se presenta como moralmente superior frente a Israel. La reciente visita oficial del rey Carlos III y la reina Camila a Estados Unidos concluyó con el rechazo del secretario de Estado, Marco Rubio, a cualquier propuesta de "revisar" el reclamo británico sobre el archipiélago. El debate se intensificó tras la filtración de un correo electrónico interno del Pentágono que sugería que Washington estaba sancionando a Londres por no respaldar una guerra contra Irán.
Las Malvinas, un conjunto de islas disputado entre el Reino Unido y Argentina, se ubican a 300 millas al este del país sudamericano y albergan a unos 3.600 habitantes. El conflicto por su soberanía se remonta a mediados del siglo XVIII, cuando los británicos se retiraron tras una pugna de influencia con España. Tras independizarse de España en 1816, Argentina reclamó rápidamente la soberanía y estableció un asentamiento. Sin embargo, en 1833, Gran Bretaña retomó el control, expulsó a los colonos argentinos y convirtió las islas en una colonia oficial.
En 1982, la dictadura militar argentina, liderada por el teniente general Leopoldo Galtieri, lanzó una invasión sorpresiva para recuperar el archipiélago. Tras una breve y cruenta guerra no declarada de solo diez semanas, las fuerzas argentinas se rindieron ante los británicos. El saldo fue de aproximadamente 900 muertos: 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños. Desde entonces, las islas permanecen bajo soberanía británica como territorio de ultramar.
La soberanía de las Malvinas sigue siendo un tema vital y polémico. En una entrevista con el canal digital Nuera Media, el presidente argentino, Javier Milei, afirmó que su gobierno hace todo lo posible por recuperar el territorio, al que Argentina denomina Islas Malvinas. "La soberanía no es negociable, pero debe manejarse con sabiduría y prudencia", declaró Milei. Por su parte, el primer ministro británico, Keir Starmer, rechazó la demanda argentina, calificando la postura de su país como "firme".
Starmer no ha aclarado por qué la soberanía británica debe respetarse de manera categórica en el caso de las Malvinas, pero no así en el de las Islas Chagos. Recientemente, congeló el acuerdo para transferir la soberanía de ese archipiélago, controlado por Reino Unido, a Mauricio, y propuso pagar unos 101 millones de libras esterlinas (136 millones de dólares) al año para arrendar una base militar conjunta entre ambos países.
Esta doble vara se hace aún más evidente al observar el uso selectivo que hace Starmer del derecho internacional contra Israel. El año pasado, anunció el reconocimiento británico de un Estado palestino en Cisjordania (que Israel llama Judea y Samaria), la Franja de Gaza y Jerusalén Este, territorios cuyo estatus final Israel aún disputa vehementemente. Starmer tampoco ha explicado por qué el Reino Unido mantiene su soberanía sobre Irlanda del Norte, pese a las demandas de los nacionalistas irlandeses, o sobre Gibraltar, a pesar del reclamo de España. Sin embargo, el Reino Unido no es el único que incurre en esta hipocresía antiisraelí.
España ocupa desde 1815 el municipio de Olivenza, a pesar del reclamo de Portugal. Los últimos vestigios del imperio español persisten en las plazas de soberanía y las ciudades de Ceuta y Melilla, pese a que Marruecos las reclama como territorio propio. En 2017, el gobierno español reprimió la voluntad del 90% de los catalanes que votaron a favor de la independencia, arrestando y encarcelando al líder independentista Jordi Sánchez.
La postura moral selectiva de Francia se manifiesta en su rápido reconocimiento de un Estado palestino, mientras mantiene su presencia colonial. París controla 13 territorios de ultramar en todo el mundo y ejerce una influencia financiera considerable sobre sus antiguas colonias africanas a través del sistema del franco CFA. Este sistema obliga a 14 naciones africanas recién independizadas a mantener la mitad de sus reservas de divisas en el tesoro francés, un acuerdo que el expresidente Jacques Chirac describió como un mecanismo que fortalece a los bancos franceses mientras agota los recursos y el potencial de crecimiento de esos países.
A pesar de las objeciones europeas, Israel posee una base legal sólida para ejercer su soberanía sobre esos territorios, basada en el principio internacional de "statu quo". Este principio establece que un estado recién independizado hereda las fronteras de la última unidad administrativa superior de la región. En este contexto, Israel recuperó Jerusalén Este y Cisjordania, áreas que Jordania tomó y ocupó durante la guerra de independencia israelí de 1948.
El caso de las Islas Malvinas ha desenmascarado la falsa postura de piedad europea hacia Israel. No se sustenta en un derecho internacional coherente ni en principios imparciales, sino que es una prueba flagrante de las crudas realidades sobre la cómoda doble moral y el desprecio por el pasado colonial del continente.


