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El gobierno de Malí, a través de su canciller, descartó cualquier negociación con grupos armados calificados de terroristas tras los recientes ataques en Bamako.

El canciller de Malí, Abdoulaye Diop, afirmó este jueves que el gobierno no entablará conversaciones con lo que denominó "grupos armados terroristas". La declaración se produce menos de dos semanas después de que una serie de ataques coordinados, sin precedentes, sacudieran la capital, Bamako, y otras zonas del país, según reportó la agencia France Presse.
Esos ataques, ocurridos el 25 y 26 de abril, fueron perpetrados por el Frente de Liberación de Azawad, de etnia tuareg, y el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), vinculado a Al Qaeda. El saldo fue de 23 muertos, entre ellos el ministro de Defensa, Sadio Camara, quien falleció cuando un coche bomba destruyó su vivienda. Tras su muerte, el líder de la junta militar, Assimi Goïta, asumió personalmente la cartera de Defensa.
Durante un encuentro con el cuerpo diplomático, Diop fue tajante: "El gobierno de Malí no tiene intención de dialogar con grupos armados terroristas, sin moral, que son responsables de los trágicos eventos que la población sufre desde hace años". El canciller también señaló que "el Frente de Liberación de Azawad eligió apoyar a un grupo extremista clasificado como terrorista por las Naciones Unidas", en clara alusión al JNIM.
Los ataques no solo se cobraron vidas de alto rango, sino que también alcanzaron posiciones estratégicas de la junta militar en Bamako. Como resultado, varias ciudades y localidades del norte de Malí han quedado bajo control de los yihadistas y sus aliados separatistas.
En paralelo a la ofensiva militar y la postura diplomática, las autoridades han llevado a cabo en los últimos días una ola de arrestos masivos que han afectado a opositores y militares. Sin embargo, resulta difícil verificar el número exacto y la identidad de los detenidos o "secuestrados" en este país del Sahel, donde los militares mantienen el poder desde 2020.
Malí arrastra desde 2012 una crisis de seguridad multifacética, alimentada por la violencia de grupos yihadistas ligados a Al Qaeda y al Estado Islámico, facciones separatistas tuareg y bandas criminales locales.