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Washington intensifica la presión sobre Bagdad para que actúe contra las milicias respaldadas por Irán, tras más de 600 ataques a objetivos estadounidenses.

Más de 600 ataques contra instalaciones diplomáticas y objetivos estadounidenses en Irak han sido ejecutados por grupos armados respaldados por Irán desde el inicio de la guerra liderada por Estados Unidos e Israel, según revelaron el Departamento de Estado y un alto funcionario de la administración estadounidense a la cadena NBC News. En paralelo, Washington redobla su presión sobre el gobierno iraquí para que tome medidas contundentes contra estas facciones.
El Departamento de Estado también instó al nuevo ejecutivo iraquí a romper sus vínculos con los grupos vinculados a Irán. Según los funcionarios, el "Centro de Apoyo Diplomático de Bagdad", utilizado como centro logístico para diplomáticos estadounidenses, ha sufrido repetidos ataques con drones, el más reciente a mediados de marzo.
La embajada de Estados Unidos en Bagdad pidió el martes pasado a los ciudadanos estadounidenses que abandonen Irak, advirtiendo que las milicias continúan planeando nuevos ataques contra estadounidenses e intereses vinculados a Washington. Videos difundidos muestran columnas de humo elevándose desde una instalación cerca del aeropuerto de Bagdad en abril, así como un incendio en el techo de la embajada estadounidense en marzo, tras ataques con drones y cohetes.
En una escalada adicional, el Departamento de Estado anunció el jueves sanciones contra el viceministro de Petróleo iraquí, Ali Maarej al-Bahadli, acusándolo de utilizar su cargo para desviar petróleo iraquí en beneficio de Irán. El portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, afirmó que el petróleo iraní se mezclaba con el iraquí y se vendía para beneficio de Teherán, y señaló que las sanciones también incluyeron a empresas petroleras vinculadas al apoyo a las milicias.
La embajada iraquí en Washington no emitió comentarios inmediatos sobre las acusaciones estadounidenses.
Estas acciones se enmarcan en los esfuerzos de la administración del presidente estadounidense Donald Trump por frenar la creciente influencia iraní dentro de Irak, en un contexto de expansión del poder de los grupos armados leales a Teherán en las instituciones estatales iraquíes, especialmente aquellos que exigen la salida de las tropas estadounidenses del país.
El primer ministro designado recientemente, Ali al-Zaidi, enfrenta una presión creciente para dar pasos concretos contra las facciones armadas, después de que Trump instara la semana pasada, en una publicación en redes sociales, a formar "un nuevo gobierno iraquí libre de terrorismo y capaz de construir un futuro más brillante para Irak".
En abril, Washington convocó al embajador iraquí en Estados Unidos, Nizar Khairallah, y el subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, condenó los cientos de ataques ocurridos en territorio iraquí, incluido lo que Washington describió como una "emboscada" contra diplomáticos estadounidenses el 8 de abril, coincidiendo con el inicio del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán.
Landau, según un comunicado oficial, afirmó que el gobierno iraquí no había logrado prevenir los ataques, subrayando que Estados Unidos espera que Bagdad tome todas las medidas necesarias para desmantelar los grupos armados aliados de Irán.
Un alto funcionario estadounidense señaló que "la línea divisoria entre el Estado iraquí y estas milicias se ha vuelto difusa", añadiendo que algunas instituciones estatales siguen proporcionando cobertura política, financiera y operativa a esos grupos, mientras Washington espera "hechos, no palabras" del gobierno iraquí. El funcionario indicó que las medidas requeridas incluyen expulsar a las milicias, cortar su financiación y apoyo, y evitar cualquier pago o facilidad que se les brinde.
Las "Fuerzas de Movilización Popular" (Al-Hashd al-Shaabi) destacan como una de las instituciones donde más se ha expandido la influencia de las facciones proiraníes. Creadas en 2014 como una coalición de milicias chiítas respaldadas por Teherán para luchar contra el Estado Islámico, posteriormente se integraron en el sistema de seguridad oficial de Irak.
El funcionario estadounidense reconoció que Washington es consciente de "la complejidad del desafío y la dificultad de desenredar las relaciones entre el Estado iraquí y las milicias", pero insistió en que el comienzo debe ser "con una posición política clara que afirme que las milicias terroristas no son parte del Estado iraquí".