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Ocho presidentes en diez años: Perú enfrenta desafío para salir de crisis política
Perú ha tenido ocho presidentes en una década y este domingo elegirá a su noveno mandatario en medio de una profunda inestabilidad política.

Perú atraviesa una prolongada crisis política que ha provocado la sucesión de ocho presidentes en apenas diez años, algunos de los cuales ocuparon el cargo por periodos muy breves, incluso de solo cinco días. Este domingo, los ciudadanos peruanos acudirán a las urnas para elegir a su noveno presidente.
Los votantes deberán decidir entre Keiko Fujimori, representante del sector conservador e hija del expresidente Alberto Fujimori, quien fue encarcelado por violaciones a los derechos humanos, y el candidato de izquierda Roberto Sánchez.
El actual presidente interino, José María Balcázar, asumió el cargo este año tras la destitución de su predecesor, José Quirós, quien permaneció en el poder menos de un año. La gestión más prolongada en esta década fue la de Dina Boluarte, que duró tres años antes de ser también destituida.
Expertos consultados por "إرم نيوز" coinciden en que la capacidad del próximo presidente para completar su mandato dependerá de tres factores fundamentales: establecer una tregua institucional que limite el uso frecuente de la destitución parlamentaria como herramienta política, formar una coalición amplia y disciplinada, y avanzar hacia una reforma constitucional y partidaria que restablezca el equilibrio entre la presidencia y el Congreso, compuesto por la Cámara de Diputados y el Senado.
El doctor Mohamed Almoden, profesor de comunicación política en la Universidad de Cádiz y especialista en relaciones internacionales, señaló que Perú vive una inestabilidad crónica, evidenciada en la sucesión de ocho presidentes en diez años, donde la destitución se ha convertido en una práctica común más que en una excepción.
Según Almoden, esta inestabilidad institucional se acompaña de hechos controvertidos, como la disolución del Congreso y la represión de protestas, lo que refleja un diseño constitucional defectuoso, un sistema partidario débil y una corrupción estructural arraigada.
La Constitución peruana establece un mecanismo institucional de doble filo: el Congreso puede destituir al presidente bajo la vaga justificación de "incapacidad moral permanente", mientras que el presidente tiene la facultad de disolver el Congreso si este niega la confianza a su gobierno en dos ocasiones, lo que convierte la supervisión mutua en un enfrentamiento constante.
Paralelamente, Perú opera con una democracia sin partidos consolidados, donde predominan figuras políticas efímeras y con programas poco definidos, lo que deja a los presidentes sin mayorías estables frente a un Congreso fragmentado y hostil.
La corrupción estructural que afecta a gran parte de la élite política socava la legitimidad y propicia soluciones extraordinarias como destituciones y renuncias anticipadas.
Almoden explicó que la persistencia del artículo de "incapacidad moral permanente" utilizado por el Congreso, la debilidad de los partidos, la fragmentación parlamentaria y la lógica de confrontación en lugar de consenso hacen que cualquier presidente esté expuesto a ser destituido ante la primera crisis grave.
El especialista consideró que la capacidad del próximo mandatario para completar su mandato dependerá no solo de sus cualidades personales, sino también de la implementación de tres condiciones esenciales. Sin ellas, el país seguirá atrapado en un ciclo sin fin.
Entre estas condiciones destaca la necesidad de una tregua entre las instituciones constitucionales que limite el uso cotidiano de la destitución parlamentaria, la formación de una coalición política amplia y disciplinada, y el inicio de una reforma constitucional y partidaria que restablezca el equilibrio entre la presidencia y el Congreso.
En la última década, ocho presidentes han gobernado Perú, con un promedio de mandato de un año y tres meses por presidente. Algunos renunciaron para evitar destituciones por casos de corrupción, otros fueron destituidos por el Congreso bajo acusaciones poco claras. El caso más notable fue el de Manuel Merino en 2020, quien ocupó la presidencia menos de una semana antes de dimitir tras protestas masivas en su contra.
Por su parte, el investigador especializado en asuntos latinoamericanos, Reda Sweid, afirmó que el próximo presidente peruano enfrentará los mismos problemas que sus predecesores, dado que ningún mandatario electo desde 2016 ha completado su mandato. La disputa entre la presidencia y el Congreso ha generado una crisis profunda en el sistema político.
Sweid añadió que ningún sistema presidencial puede gobernar bajo condiciones constitucionales que permitan la intervención extraordinaria y fuera de competencias del Congreso, lo que ha generado una relación de tensión permanente, agravada por el creciente rechazo popular hacia la clase política en general.
El Congreso, principal cámara legislativa, no ha experimentado renovación política significativa, ya que en las últimas elecciones solo 24 de sus 130 miembros fueron reelegidos, lo que lleva a los candidatos presidenciales a proponer soluciones para un escenario donde cada presidente nuevo podría no completar su mandato y ser destituido.
El candidato de izquierda, Roberto Sánchez, propone la elección de una asamblea constituyente para crear un nuevo sistema político en el país. En cambio, la conservadora Keiko Fujimori plantea gobernar con técnicos tecnócratas, una estrategia que Sweid considera una evasión del enfrentamiento político y poco viable en la práctica.
Según Sweid, el próximo presidente necesitará la colaboración del Congreso, lo que implica un esfuerzo significativo para trabajar con la legislatura, especialmente con el restablecimiento del Senado junto a la Cámara de Diputados, en un contexto donde ninguno de los candidatos cuenta con mayoría en ambas cámaras.
El analista concluyó que la vida política del futuro mandatario no será sencilla, en un momento en que América del Sur enfrenta un panorama político distinto, tras la orientación del gobierno del presidente estadounidense Donald Trump hacia una mayor intervención en los asuntos políticos de los países latinoamericanos.
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