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El ejército iraquí lanzó una amplia ofensiva en el desierto occidental para combatir remanentes de ISIS y responder a informes sobre bases militares extranjeras secretas, en un contexto de creciente tensión regional y desafíos en la seguridad fronteriza.

El ejército de Irak inició una operación de gran escala en el desierto occidental que abarca las regiones de Najaf, Karbala, Anbar y el oeste de Nínive, con el objetivo de eliminar refugios de ISIS y asegurar la extensa franja desértica que se extiende hacia el oeste del país. Esta ofensiva incluye la participación de unidades élite transportadas por aire, así como el apoyo de la aviación militar.
Expertos militares destacan que esta acción no se limita a la persecución de células dispersas de ISIS, sino que refleja una creciente inquietud dentro de las fuerzas de seguridad iraquíes ante el riesgo de que estas zonas desérticas se conviertan en vacíos de poder, especialmente en medio de la inestabilidad regional y las tensiones vinculadas a Irán y Siria.
Según un funcionario de la Comandancia de Operaciones en Anbar, la campaña no tiene un límite temporal definido y podría prolongarse durante días o semanas, dependiendo de la evolución de los objetivos y la información de inteligencia que se reciba. Las fuerzas están realizando inspecciones minuciosas en valles, cuevas y rutas desérticas que se sospecha fueron utilizadas por miembros de ISIS como escondites o corredores entre las provincias occidentales.
Además de perseguir a los remanentes del grupo extremista, las autoridades están investigando indicios de actividades inusuales o la presencia de bases militares extranjeras en el corazón del desierto, tras reportes que señalan la existencia de instalaciones secretas usadas durante el reciente conflicto entre Israel e Irán.
Durante los últimos años, el desierto occidental de Irak ha sido un área clave para ISIS, que aprovechó las cuevas, túneles y caminos abiertos para reorganizar sus células tras perder el control de las principales ciudades en 2017. Aunque su capacidad se ha reducido considerablemente, las fuerzas de seguridad continúan advirtiendo sobre células móviles que operan en la frontera con Siria, aprovechando los vacíos de seguridad y la extensión del terreno desértico.
El aumento de la incertidumbre en Siria y la persistencia de ISIS en algunas provincias sirias, junto con las complejidades derivadas del reciente enfrentamiento entre Washington y Teherán, han incrementado la preocupación iraquí sobre posibles repercusiones en su territorio.
El analista de seguridad Kamal Al-Taie explicó que la operación actual tiene dimensiones que superan la simple lucha contra ISIS, ya que el ejército iraquí considera el desierto occidental como una línea preventiva frente a posibles cambios en la seguridad regional. Señaló que las organizaciones extremistas suelen aprovechar rápidamente la inestabilidad regional, especialmente en áreas abiertas y desérticas, lo que obliga a las fuerzas iraquíes a adoptar una estrategia de ataques preventivos y despliegue profundo en zonas remotas.
El ejército ha reforzado sus unidades élite y la vigilancia aérea, ampliando el monitoreo electrónico en zonas abiertas que resultan difíciles de controlar por sus características geográficas. La preocupación por la existencia de bases o movimientos extranjeros no declarados ha llevado a incrementar la presencia en áreas donde se han reportado estas actividades, con el fin de evitar que cualquier vacío de seguridad se transforme en una amenaza compleja.
Expertos de seguridad iraquíes consideran que el desierto occidental es una de las regiones más sensibles estratégicamente, no solo por la actividad de ISIS, sino también por su proximidad a la frontera siria y su conexión con rutas de contrabando y movimientos complejos que se han desarrollado en años recientes.
Observadores interpretan que, mediante estas operaciones, Bagdad busca enviar un mensaje claro sobre su capacidad para controlar las áreas desérticas y evitar que se conviertan en escenarios abiertos para conflictos regionales o en un terreno fértil para la reactivación de grupos armados, en un momento considerado como el más delicado desde la derrota de ISIS en 2017.



