Mundo
A pesar del aumento de las pérdidas económicas y militares, Putin no muestra señales de querer finalizar la guerra en Ucrania. El sistema político que ha construido durante años le permite mantener el control sin enfrentar presión política real.

En medio del creciente daño que sufre Rusia en la guerra de Ucrania, incluyendo el aumento del número de civiles muertos por los ataques ucranianos profundos, la interrupción del comercio electrónico y la escasez de gasolina, así como la desaceleración de la economía y el aumento de la inflación, el presidente ruso Vladimir Putin no muestra ninguna señal de querer poner fin a la guerra, según "Foreign Affairs".
En mayo pasado, el banquero ruso Andrei Klyapash dijo que Rusia "se está rezagando" y perdiendo la competencia tecnológica y económica global, e incluso "la está perdiendo frente a Ucrania" en algunos sectores, antes de perder su puesto en agosto debido a sus declaraciones.
A pesar de estas presiones, Putin no enfrenta un riesgo político real; tras más de cuatro años y medio, Rusia no ha logrado convertir sus enormes sacrificios militares en ganancias concretas, pero eso no lo ha obligado a retroceder. Además, la guerra tiende hacia el escalonamiento en lugar de acercarse a su final; por lo tanto, prever que Moscú haga concesiones o acepte una solución negociada en el corto o mediano plazo es poco realista, según el informe.
La firmeza de la postura de Putin se debe a la naturaleza del sistema político que ha construido durante un cuarto de siglo; desde que asumió el poder en 2000, trabajó para consolidar el control sobre el Estado, los medios de comunicación y el sector empresarial, debilitar las regiones, los empresarios y los partidos políticos, hasta vaciar la competencia política de contenido. Tras la invasión de Ucrania, la mayoría de los medios independientes y cientos de miles de ciudadanos contrarios a la guerra huyeron al exilio, mientras que los críticos que permanecieron dentro de Rusia enfrentaron el riesgo de persecución, según la lectura de "Foreign Affairs".
Al mismo tiempo, Putin fortaleció la militarización del Estado y la sociedad, invirtió intensamente en defensa y vinculó la identidad rusa a la memoria del triunfo en la Segunda Guerra Mundial. Después de 2022, presentar a Rusia como una potencia mundial se asoció cada vez más con el poder militar.
Según el informe, Putin no siente presión que lo obligue a hacer concesiones; Rusia tiene suficiente fuerza humana para continuar la guerra de agotamiento, capacidad productiva para lanzar grandes cantidades de cohetes y drones, y ha logrado soportar las sanciones y el aislamiento de Europa y Estados Unidos, a pesar de los daños infligidos a su economía y relaciones comerciales. Además, los rusos no poseen herramientas políticas que les permitan influir en las decisiones del Kremlin.
El informe añadió: "Sin embargo, la política exterior rusa revela puntos débiles, desde la pérdida de influencia en Venezuela, Siria, Asia Central, Moldavia, Azerbaiyán y Armenia, hasta un mayor dependencia de China. Esta limitación se vuelve más evidente en Ucrania, donde Rusia sigue muy lejos del triunfo que Putin imaginó en febrero de 2022, consistente en el control total del territorio y la población".
Añadió: "Moscú podría causar amplios daños a Ucrania o imponer un alto el fuego aceptable para ella, pero no puede invadir completamente el país, y Ucrania, no sometida, seguirá siendo un desafío estratégico permanente".



