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La ministra del Interior británica, Shabana Mahmood, y otros miembros del gabinete pidieron al primer ministro Keir Starmer que considere un calendario para su renuncia.

La ministra del Interior británica, Shabana Mahmood, junto a al menos otros dos ministros del gobierno, han instado al primer ministro Keir Starmer a que evalúe la posibilidad de fijar un cronograma para abandonar el cargo. La información fue publicada este lunes por el diario The Times, que citó fuentes internas del Ejecutivo.
Las peticiones de renuncia surgen en medio de una creciente agitación dentro del Partido Laborista, que la semana pasada sufrió su peor derrota en elecciones locales para un partido gobernante en más de tres décadas. Starmer, lejos de ceder, pronunció un discurso el lunes en el que prometió demostrar que sus críticos están equivocados y aseguró que no se retirará para evitar que el país caiga en una nueva crisis política.
En un intento por calmar el descontento interno, el primer ministro se dirigió a los diputados laboristas que se han vuelto en su contra. Advirtió que el partido, de centroizquierda, no puede permitirse divisiones internas mientras enfrenta al "muy peligroso" Partido Reformista UK, de corte populista, y al Partido Verde, de izquierda.
"Sé que la gente está frustrada con la situación de Bretaña, frustrada con la política, y algunos están frustrados conmigo personalmente... Sé que hay quienes dudan de mí, y sé que necesito demostrar que están equivocados, y lo haré", declaró Starmer durante el discurso en Londres.
"No renunciaré", afirmó categóricamente el primer ministro, subrayando su determinación de permanecer en el poder.
El líder laborista busca aferrarse a su cargo en un momento en que sus rivales acechan la oportunidad de disputarle el liderazgo del partido. En su alocución, que incluyó pocas políticas nuevas pero estuvo cargada de llamamientos a la unidad y ataques personales a sus oponentes, Starmer prometió fortalecer los lazos con la Unión Europea, crear mejores oportunidades laborales para los jóvenes y nacionalizar la empresa siderúrgica británica.
Según la agencia Reuters, el discurso de Starmer buscaba apaciguar la ira creciente dentro de su partido. El primer ministro reconoció su propia indecisión al enfrentar las consecuencias de dos décadas de estancamiento económico y el aumento de la tensión social en el país.



