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Sin ganancias económicas claras: la carrera espacial se intensifica entre EE.UU. y China
La competencia espacial entre China y Estados Unidos se centra en los recursos lunares y la infraestructura, pero carece de justificaciones económicas convincentes para el asentamiento a largo plazo.

La rivalidad entre China y Estados Unidos en el ámbito espacial se reaviva como una carrera con dimensiones económicas y estratégicas, centrada en la posibilidad de explotar los recursos de la Luna, crear una infraestructura permanente o a largo plazo y reforzar su influencia. Sin embargo, estas ambiciones enfrentan desafíos y normas de gobernanza del espacio. Ninguno de los dos ha presentado hasta ahora argumentos convincentes sobre las ganancias a largo plazo de permanecer en la Luna, según informó el sitio East Asia Forum.
El valor estratégico más claro de la carrera espacial podría residir en el fortalecimiento del prestigio y la posición nacional y mundial, mientras que la visión científica está vinculada a la posibilidad de que los humanos migren a otras regiones del sistema solar.
Desde 2019, funcionarios y expertos estadounidenses han advertido sobre el riesgo de que China monopolice los recursos lunares y establezca reglas que puedan contradecir los intereses de Estados Unidos.
Por su parte, los medios de comunicación chinos han descrito la exploración espacial como "una competencia por la existencia y la sostenibilidad a largo plazo", mientras que los funcionarios chinos han presentado a Estados Unidos como un competidor por los recursos de la Luna.
La carrera gira en torno al acceso, la exploración y la creación de infraestructura en la Luna, además del uso de sus recursos para obtener beneficios económicos y de seguridad.
Desde que China anunció en el año 2000 el inicio de investigaciones preliminares para la exploración lunar, ha ejecutado un plan multifásico que podría culminar en los próximos años con alunizajes tripulados. Este proyecto a largo plazo se ha basado en el desarrollo de las capacidades espaciales de China, incluyendo la ampliación de su capacidad para fabricar y lanzar satélites y naves espaciales, el desarrollo de cohetes reutilizables, la operación de una estación espacial tripulada y el envío de misiones al espacio profundo. Asimismo, China, al igual que Estados Unidos, busca alianzas con socios internacionales en sus programas.
Las ambiciones de ambos países también comparten intereses comunes. Aunque el actual entorno geopolítico hace complejo buscar puntos de acuerdo, durante la Guerra Fría existieron condiciones tensas similares; no obstante, Estados Unidos y la Unión Soviética, junto con decenas de naciones, lograron redactar el Tratado del Espacio Exterior en 1967. Esa etapa también dio lugar a la misión «Apolo-Soyuz», que sentó las bases para la posterior Estación Espacial Internacional.
Aunque la cooperación entre Washington y Pekín puede enfrentar obstáculos, es de interés mutuo encontrar terreno común para acordar normas de uso seguro y sostenible del espacio, incluido el entorno lunar.
El transporte aéreo y marítimo fluido depende en gran medida de la existencia de normas y estándares compartidos acordados por los estados. No obstante, los Acuerdos de Artemisa, principios no vinculantes liderados por Estados Unidos para regular las actividades espaciales, enfrentan límites claros, ya que China no parece dispuesta a adherirse a un marco que no participó en diseñar. Aun así, Estados Unidos podría basarse en los principios de estos acuerdos durante futuras negociaciones con China sobre la gobernanza del espacio.
Surge, en cambio, un problema más fundamental relacionado con la conexión entre las actividades lunares planificadas y los beneficios estratégicos declarados. La minería en la Luna no parece tener una viabilidad financiera significativa dadas las actuales materias primas. Tampoco existe un argumento claro de seguridad nacional que haga de la Luna una prioridad, salvo que se asuma que sus recursos y territorios tienen valor y, por tanto, requieren protección.
Tampoco hay garantías de que la ventaja inicial en cualquier actividad lunar derive en el establecimiento de estándares que otros países deban cumplir. Se espera que Estados Unidos y China realicen la mayor parte de la actividad lunar durante la próxima década, pero las normas de dicha actividad no estarán necesariamente ligadas a quién llegue primero.
El liderazgo en la carrera espacial, como ocurrió en la primera contienda, tiene una dimensión simbólica. La búsqueda de legitimidad y estatus internacional impulsa a ambas potencias a mantener su presencia en la órbita terrestre y más allá, aunque los retornos tangibles sigan siendo inciertos frente a los enormes costos financieros y técnicos involucrados.
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