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Trump, mediante intermediarios regionales, condicionó nuevas conversaciones con Irán a que se realicen exclusivamente con asesores directos del líder supremo Ali Jamenei, para garantizar coherencia y ejecución de acuerdos sobre el estrecho de Ormuz, el programa nuclear y las sanciones.

El presidente estadounidense Donald Trump ha exigido, a través de mediadores regionales, que cualquier contacto oficial destinado a resolver las tensiones con Irán se limite estrictamente a los asesores más próximos al líder supremo iraní Ali Jamenei. La intención declarada es negociar directamente con la autoridad última dentro del sistema iraní y asegurar así la aplicación efectiva de cualquier entendimiento alcanzado sobre el estrecho de Ormuz, el programa nuclear y el régimen de sanciones.
Según fuentes diplomáticas con conocimiento directo de los contactos, la comunicación transmitida a Teherán por Pakistán y otros Estados de la región subrayó la necesidad urgente de establecer canales de diálogo con la esfera inmediata del líder supremo, descartando la exclusividad de las vías diplomáticas convencionales. El objetivo explícito es evitar la repetición de lo que Washington califica como contradicciones entre distintas instituciones iraníes.
La administración estadounidense busca abrir una vía de negociación directa con quien detenta la decisión final en el sistema iraní. Considera que cualquier acuerdo carecería de viabilidad duradera si las conversaciones se limitaran al Ministerio de Asuntos Exteriores, dada la percepción de discrepancias frecuentes entre las declaraciones de funcionarios civiles y las posturas adoptadas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Las mismas fuentes indicaron que Trump insiste en que la próxima fase incluya un calendario temporal concreto para la implementación de compromisos. Este calendario comenzaría con garantías inequívocas de libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, seguido por el abordaje sucesivo del programa nuclear, los fondos iraníes congelados y el levantamiento de sanciones. El propósito es eliminar toda posibilidad de divergencias en la interpretación de los términos del acuerdo o en los mecanismos de su aplicación.
Washington atribuye el fracaso de la anterior nota de entendimiento al accionar del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y a sus amenazas contra la navegación en el estrecho de Ormuz, pese a que ya existían acuerdos preliminares sobre varios temas. Esa experiencia condujo a la demanda estadounidense de incorporar formalmente a asesores del despacho del líder supremo en cualquier nuevo proceso negociador.
Un diplomático familiarizado con los canales de comunicación entre Washington y Teherán explicó a “Erm News” que los intermediarios que recientemente actuaron para contener una escalada estadounidense —entre ellos Qatar y Pakistán, junto con otras naciones regionales— recibieron del Palacio Ejecutivo una instrucción inequívoca: las futuras negociaciones no deben restringirse al Ministerio de Asuntos Exteriores iraní.
Agregó que Estados Unidos aspira a un acuerdo “claro, sin márgenes para múltiples interpretaciones”, tras constatar que las diferencias internas en Irán fueron determinantes para el colapso de los entendimientos previos.
Este enfoque refleja la convicción estadounidense de que las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores Abbas Araghchi o del presidente Masoud Pezeshkian suelen ser contrarrestadas por discursos distintos provenientes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, un patrón que también se ha observado en las posiciones sobre la posibilidad de reanudar las negociaciones.
En este contexto, el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní afirmó que la situación en el estrecho de Ormuz “no volverá a ser la misma que antes de la guerra”. Aclaró que las conversaciones en curso con el Sultanato de Omán no versan sobre la reapertura o el cierre del estrecho, sino sobre la definición de un nuevo itinerario marítimo que respete lo que Irán denomina sus derechos de soberanía y sus intereses comunes.
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