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Donald Trump promovió un acuerdo de 7.000 millones de dólares para construir 11 rompehielos, superando ampliamente la necesidad operativa establecida por la Guardia Costera estadounidense en 2023 y sin licitación abierta, con Finlandia como socio clave.

Un llamado telefónico entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo finlandés Alexander Stubb, realizado una noche de agosto del año pasado, trascendió lo meramente diplomático: reveló un proyecto estratégico personal centrado en reforzar la presencia estadounidense en el Ártico mediante una flota de rompehielos.
Trump insistió en adquirir un grupo de estas naves, convencido de que constituyen un instrumento esencial para ejercer influencia en una región cuya relevancia geopolítica crece con el retroceso del hielo marino, la apertura de nuevas rutas marítimas y la intensificación de la competencia por los recursos naturales.
Según una investigación publicada por el diario The New York Times, ese interés condujo a un contrato valorado en aproximadamente 7.000 millones de dólares para la construcción de 11 rompehielos. Esa cifra duplica la cantidad que la Guardia Costera estadounidense consideraba indispensable. Además, los contratos se adjudicaron sin proceso de licitación pública y asignaron a Finlandia un papel central en la fabricación del primer lote, pese a las restricciones legales vigentes sobre la producción de embarcaciones con finalidad de seguridad fuera del territorio estadounidense.
El interés de Trump por estos buques data de más de tres décadas. Durante una visita a Finlandia en 1992, buscaba adquirir una nave para transformarla en un casino flotante. En ese viaje tomó contacto con los rompehielos finlandeses y le informaron que su país había construido cerca del 60 % de este tipo de embarcaciones a nivel mundial —una cifra que permaneció fija en su memoria hasta su llegada a la Casa Blanca.
Tras su regreso a la presidencia, esa percepción se convirtió en una iniciativa estratégica formal. En un encuentro con el presidente finlandés durante un torneo de golf, recibió como obsequio una fotografía de un rompehielos. Posteriormente anunció la ampliación de la cooperación con Helsinki y la adquisición de un número significativo de estas naves, una medida que Helsinki interpretó como una oportunidad para fortalecer sus vínculos con Washington y consolidar la colaboración dentro de la OTAN.
La administración justifica la inversión señalando la necesidad de reforzar la presencia militar y de seguridad en el Ártico, escenario de competencia entre potencias por nuevas vías de navegación y reservas minerales. Sin embargo, expertos subrayan que la decisión de comprar 11 unidades no se basa en una evaluación operativa clara: un estudio elaborado por la Guardia Costera en 2023 concluyó que la demanda real no supera las 4 o 5 naves.
Otros críticos destacan que el proyecto carece de un plan integral para financiar la infraestructura requerida para operar la nueva flota ni para dotarla de tripulaciones especializadas, costos que podrían ascender a miles de millones de dólares adicionales. Parte sustancial de la financiación proviene, además, de partidas presupuestarias originalmente destinadas a la seguridad fronteriza.
Uno de los motivos explícitos de Trump es la constante comparación con Rusia, poseedora del mayor parque de rompehielos del mundo. El presidente estadounidense solía recalcar que Moscú mantenía una ventaja abrumadora sobre Estados Unidos en este ámbito.
No obstante, especialistas señalan que las necesidades rusas son radicalmente distintas, dada la extensión de sus costas árticas y la presencia de millones de habitantes en esas zonas, frente al reducido número de pobladores en la región ártica estadounidense.
Mientras la administración califica la iniciativa como una inversión en la seguridad nacional y una recuperación de la posición estadounidense en el Ártico, sus detractores sostienen que refleja predominantemente una visión personal del presidente, más que una respuesta a una evaluación estratégica institucional. Por ello, la adquisición de rompehielos se ha convertido en uno de los proyectos más controvertidos impulsados por Trump dentro de Estados Unidos.
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