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Donald Trump afronta un nuevo examen médico en el hospital Walter Reed, mientras aumentan las dudas sobre su salud y capacidad cognitiva.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se someterá este martes a su tercer examen médico en aproximadamente un año, en medio de crecientes interrogantes sobre su estado de salud, informó el diario Washington Post.
Según el periódico, se espera que Trump realice esta nueva revisión en el hospital militar Walter Reed, mientras la opinión pública manifiesta inquietudes sobre su condición física y cognitiva, especialmente al acercarse a los ochenta años.
La Casa Blanca ha calificado la visita como un "examen médico rutinario".
Una investigación del Washington Post y médicos independientes ha planteado dudas serias sobre la aptitud física y mental del mandatario.
Este será el tercer ingreso de Trump al hospital militar en un lapso de sólo 13 meses, una frecuencia inusual para un presidente en funciones, que no se ajusta a la práctica habitual de realizar un solo chequeo anual.
La visita previa, realizada en octubre del año pasado, generó una ola de rumores. Tres meses después, la Casa Blanca admitió que el presidente se había sometido a una tomografía computarizada para descartar problemas vasculares y cardíacos.
Expertos médicos externos han señalado una serie de signos clínicos "sospechosos" que, según ellos, no reciben explicaciones convincentes por parte de las autoridades oficiales.
Entre estos signos se incluyen la aparición recurrente de hematomas en las manos de Trump, un fenómeno que los portavoces oficiales atribuyeron de manera inusual al consumo de aspirina y a los apretones de manos frecuentes.
Además, se ha observado hinchazón en las piernas del presidente. Aunque la administración ha señalado previamente que se trata de insuficiencia venosa crónica, cardiólogos destacados advierten que estos síntomas, junto con reportes de somnolencia repentina, podrían indicar afecciones médicas graves como insuficiencia cardíaca.
Trump continúa utilizando su estado de salud como una herramienta política, presumiendo los resultados de sus pruebas cognitivas y burlándose de sus críticos.
No obstante, la preocupación pública en Estados Unidos está en aumento. Una encuesta reciente del Washington Post revela una caída notable en la confianza ciudadana, ya que sólo el 40% de los estadounidenses considera que el presidente posee las capacidades mentales necesarias para desempeñar sus funciones.



