Líbano
Estados Unidos y Suiza lideran esfuerzos paralelos para calmar tensiones y negociar asuntos de seguridad y soberanía en Líbano e Israel.

En el pasado, Líbano era conocido como la "Suiza del Oriente", pero sucesivos proyectos de "resistencia" lo condujeron a convertirse en un "pantano del Oriente". Ayer, su nombre volvió a aparecer vinculado a Suiza, no como un ejemplo de prosperidad destruida por milicias del "eje", sino como un tema central en las conversaciones entre Estados Unidos e Irán en el resort de Burgenstock, situado junto al lago de Lucerna, donde la suspensión del fuego en la frontera libanesa encabezó la agenda.
La estrategia se divide en dos líneas paralelas: la primera, entre Washington y Teherán, busca evitar la reanudación del conflicto y contener sus repercusiones regionales; la segunda, son las negociaciones previstas para mañana entre Líbano e Israel, que abordarán asuntos soberanos y de seguridad esenciales, como la retirada israelí, la delimitación fronteriza, los mecanismos de despliegue militar, el fortalecimiento del control estatal y la exclusividad del uso de armas por parte del Estado.
El presidente estadounidense Donald Trump reflejó claramente esta división de roles. Por un lado, ejerció presión sobre Tel Aviv para aceptar la calma, y por otro, responsabilizó a Teherán de controlar a sus aliados, en particular Hezbollah en Líbano, advirtiendo sobre la posibilidad de reanudar ataques estadounidenses más severos si la escalada persistía. Estas amenazas provocaron una respuesta del presidente del Consejo de la Shura iraní y principal negociador, Mohammad Baqer Qalibaf. La escena se volvió confusa debido a relatos contradictorios: la agencia Tasnim informó que la delegación iraní abandonó las conversaciones en protesta por las declaraciones de Trump, mientras que el sitio Axios afirmó que el grupo no se retiró, lo que generó incertidumbre en las negociaciones en Suiza.
En el ámbito regional, el presidente sirio Ahmad al-Shar'a aclaró en una entrevista con el canal Al-Mashhad que las declaraciones de Trump sobre Líbano fueron malinterpretadas, negando que implicaran la entrada de tropas sirias en territorio libanés o que Damasco asumiera la tarea de desarmar a Hezbollah. Indicó que se trata de un papel positivo para Siria que podría contribuir a resolver la crisis. Al-Shar'a subrayó que la estabilidad de Líbano está directamente vinculada a la seguridad de Siria, y exhortó a Hezbollah a integrarse dentro del Estado y priorizar el interés libanés sobre cualquier otra consideración.
En este complejo entramado, la fórmula más clara para Líbano es que Suiza actúe como plataforma para apagar el fuego, mientras que Washington se encargue de abordar las causas profundas del conflicto y definir los arreglos futuros entre Beirut y Tel Aviv.
En este marco, se informó que la delegación libanesa recibió las instrucciones finales del presidente Michel Aoun, manteniendo abierto el canal de comunicación entre Aoun, el jefe de la delegación Simon Karam, la embajadora Nada Mawwad y los equipos civil y militar. La primera jornada de negociaciones será conjunta, con reuniones entre las delegaciones libanesa e israelí en sus respectivas secciones civil y militar. La segunda jornada estará dedicada exclusivamente a asuntos militares, y la tercera a las negociaciones políticas bajo la presidencia de Karam.
Se prevé que Líbano proponga nuevamente que la región de Nabatiyeh sea una zona piloto, aunque se espera un rechazo israelí a esta propuesta. Como alternativa, podría plantearse la costa que se extiende desde Sur hasta Zahrani y Saida, pero el ambiente indica que Israel continuará rechazando esta opción, especialmente tras los avances en la zona de Ali al-Taher, uno de los principales centros militares de Hezbollah en el sur. Este rechazo refleja la postura israelí respecto a la tregua, que consideran un alto el fuego temporal. Israel insiste en mantener sus tropas en lo que denomina "zonas de seguridad". En este sentido, el primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó: "Firmaremos un acuerdo con Líbano cuando eliminemos la amenaza de Hezbollah". Además, la Autoridad de Radiodifusión de Israel informó que el ejército comenzará en los próximos días a reducir sus efectivos en el sur del Líbano, tras completar la mayoría de sus operaciones ofensivas, y que ambas partes determinarán esta semana las áreas de las que Hezbollah fue expulsado para entregarlas al ejército libanés.
Simultáneamente, se conoció que el presidente Michel Aoun estudia realizar visitas consecutivas a Arabia Saudita y Qatar para agradecer su papel en la detención de la escalada y para consultar sobre la etapa siguiente y el proceso de negociaciones en Washington. También se indica que su agenda incluye un viaje a Turquía para reunirse con el presidente Recep Tayyip Erdogan y abordar las relaciones bilaterales y el papel que Ankara podría desempeñar en la región en el futuro.
En cuanto a una posible visita del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, a Líbano en los próximos días, se informó que el Estado libanés no ha recibido notificación oficial y que Araqchi no comunicó intención alguna de visitar Beirut durante su última conversación con el presidente Aoun. Se sabe que Araqchi planea una gira por varios países de la región, pero aún no está confirmado si Líbano forma parte de su itinerario.
En contraste con la línea oficial, el secretario general de Hezbollah, Sheikh Naim Qassem, rechazó cualquier alto el fuego que permita a Israel conservar libertad de movimiento. Consideró que una verdadera tregua debe incluir la suspensión de operaciones aéreas, terrestres y marítimas, así como la detención de demoliciones, como paso previo a una retirada israelí completa del territorio libanés.
Qassem instó al gobierno a aprovechar el apoyo iraní y a utilizar el cierre del estrecho de Ormuz como una carta de presión, al tiempo que expresó dudas sobre la eficacia de las negociaciones directas con Israel. Afirmó que Irán salió más fuerte de la guerra y que el proyecto para eliminar a Hezbollah y la resistencia ha fracasado.
En el terreno, el comandante del ejército, el general Rudolf Hilal, inspeccionó las unidades desplegadas en las áreas de Nabatiyeh, Nabatiyeh Al-Fawqa, Kafr Rumman, Shouqin, Zarariyah y los alrededores de Kafartabnit, donde evaluó la situación operativa, las misiones y los desafíos que enfrentan ante las continuas agresiones y violaciones israelíes. Recalcó la importancia de las medidas adoptadas para proteger a los ciudadanos en las zonas afectadas por ataques israelíes y destacó el papel del ejército en todas las regiones libanesas, especialmente en el sur, señalando que la institución militar seguirá siendo objeto de confianza para los libaneses.



