Líbano
Líbano, el eslabón débil en el acuerdo entre EE.UU. e Irán según The New York Times
El conflicto entre Israel y Hezbolá en Líbano complica el acuerdo inicial entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra, señala un informe de The New York Times.

El Líbano se considera el "eslabón más débil" dentro del acuerdo entre Estados Unidos e Irán para poner fin al conflicto bélico, debido a que la tensión entre Israel y Hezbolá representa una de las principales barreras que dificultan los esfuerzos para concluir la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, según un reporte del diario estadounidense The New York Times.
El acuerdo inicial firmado entre Washington y Teherán estuvo a punto de colapsar rápidamente a causa de la compleja y volátil situación en Líbano.
Esta fragilidad se evidenció tras el aumento de los enfrentamientos entre el ejército israelí y Hezbolá, lo que provocó la cancelación inmediata de una ronda crucial de negociaciones en Suiza.
A pesar del silencio de ambas partes sobre las razones del aplazamiento, diplomáticos con conocimiento del caso confirmaron que Teherán suspendió su participación en protesta por la intensidad sin precedentes de los bombardeos israelíes dentro del territorio libanés.
En este contexto, la nueva dirección iraní considera que la seguridad de Líbano es un componente estratégico inseparable de su propia seguridad nacional.
Investigadores señalan que los éxitos militares previos de Israel contra Hezbolá allanaron el camino para un enfrentamiento directo con Teherán, estableciendo como objetivo iraní constante la retirada israelí.
Este patrón diplomático problemático se ha repetido por segunda vez en pocas semanas, lo que confirma la interconexión de los frentes y la imposibilidad de separarlos, según el informe.
En un episodio anterior, los ataques israelíes en las afueras de Beirut desencadenaron una escalada, a la que Irán respondió con el lanzamiento de misiles hacia el interior israelí, seguido por una serie de bombardeos israelíes más intensos dentro de territorio iraní.
Esta nueva crisis diplomática coincidió con la firma de un acuerdo preliminar entre Washington y Teherán que busca poner fin al conflicto entre ambos.
El pacto establece el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en Líbano, y las partes firmantes se comprometieron a respetar la soberanía y la integridad territorial completa del Estado libanés.
Aunque Teherán calificó esta cláusula como una victoria diplomática, fue rechazada de forma tajante por Israel. El primer ministro Benjamin Netanyahu se opuso firmemente a estas condiciones, asegurando que su campaña militar continuará hasta alcanzar sus objetivos, especialmente porque Tel Aviv no estuvo representado en estas negociaciones.
Para intentar salvar la situación, el embajador israelí en Washington anunció el compromiso de su país con la suspensión de las operaciones ofensivas para preservar una frágil tregua.
No obstante, el diplomático aclaró que las fuerzas israelíes proseguirán con sus operaciones terrestres en el sur para desmantelar la infraestructura de Hezbolá, insistiendo en permanecer en la zona hasta completar esa misión.
Más allá de las declaraciones políticas, el acuerdo entre Estados Unidos e Irán carece de mecanismos claros que obliguen a las partes no firmantes a cumplir con sus disposiciones.
Ni Hezbolá ni Israel firmaron este memorando, dejando sin resolver cuestiones fundamentales como la retirada israelí y el destino del armamento del grupo, sin respuestas definitivas.
Debido a estas lagunas, aumentaron las preocupaciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre el impacto negativo que los continuos ataques israelíes podrían tener en las posibilidades de éxito del acuerdo. Recientemente, Trump expresó su frustración con las políticas de Netanyahu, ejerciendo presión sobre el gobierno israelí para que reduzca la intensidad de sus operaciones militares en la región.
En el terreno, la atmósfera política se reflejó en una pausa relativa cuando Israel dejó de emitir advertencias diarias de evacuación para las aldeas del sur libanés, a la espera de los resultados de las negociaciones.
Sin embargo, esta calma temporal se rompió rápidamente tras violentos enfrentamientos y emboscadas organizadas por Hezbolá contra las fuerzas israelíes que penetraron en la zona, causando la muerte de cuatro soldados israelíes.
En respuesta inmediata, aviones israelíes lanzaron más de ciento cincuenta ataques aéreos en diversas áreas del valle de la Bekaa y el sur, que dejaron decenas de civiles muertos y heridos, evidenciando la dificultad de contener la escalada militar a pesar de la presión internacional sobre todas las partes.
Por su parte, los diplomáticos intentan abrir vías paralelas de negociación. El Departamento de Estado estadounidense anunció una próxima ronda de conversaciones entre Israel y Líbano en Washington.
Este anuncio siguió a una llamada telefónica entre el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio y el presidente libanés Joseph Aoun, con el objetivo de buscar una fórmula de solución más estable para la crisis.
En el ámbito interno, parece que Teherán ha impuesto un control y supervisión más directa sobre Hezbolá tras el asesinato de su anterior secretario general Hassan Nasrallah. Observadores creen que esta influencia explica el compromiso previo del grupo con el alto el fuego antes de la última confrontación directa.
Finalmente, expertos en asuntos regionales consideran que los acuerdos actuales podrían contribuir a una reducción temporal de la tensión, pero no abordan las causas profundas del conflicto.
La presencia militar israelí en el sur representa la ocupación más extensa en dos décadas, causando una destrucción considerable en las localidades fronterizas y el desplazamiento de más de un millón de ciudadanos libaneses.
Así, el tema del armamento de Hezbolá se enfrenta a una problemática compleja estrechamente vinculada con la retirada israelí de los territorios ocupados. Mientras Israel exige primero el desarme, el grupo mantiene su arsenal como una herramienta legítima de disuasión, lo que aleja la posibilidad de una solución política a corto plazo.
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