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Fuentes políticas y militares libanesas revelaron que la milicia de Hezbolá comenzó a preparar un plan de campo para la primera fase de la retirada israelí esperada en el sur del Líbano, basado en trasladar armas y equipos militares antes de la llegada del Ejército libanés.

Fuentes políticas y militares libanesas revelaron que la milicia de Hezbolá comenzó a preparar un plan de campo para manejar la primera fase de la retirada israelí esperada de varias áreas experimentales en el sur del Líbano, basado en trasladar las armas restantes y el contenido de los cuarteles militares ubicados dentro de esas áreas a otros lugares, principalmente el área de Zahrani, antes de que las unidades del Ejército libanés ingresen a ellas.
Las fuentes dijeron a “Erem News”: “El liderazgo del partido decidió no entrar en ningún enfrentamiento con el Ejército libanés, consciente de que cualquier choque con la institución militar lo pondría en confrontación directa con el Estado y la opinión pública libanesa, y daría a Israel y Estados Unidos un pretexto para detener el proceso de retirada y mantener su ocupación de las zonas fronterizas”.
Añadieron que el Ejército libanés, a su vez, no desea verse arrastrado a un enfrentamiento interno con el partido, y considera que el éxito del despliegue debe lograrse con el menor roce posible, para preservar la estabilidad interna y la unidad de la institución militar; lo que abre la puerta a acuerdos no declarados que permitan la transición del control sobre el terreno sin confrontación.
Estos datos llegan mientras continúan los preparativos para la esperada ronda de negociaciones de Roma entre el Líbano e Israel, en medio de un ambiente que las fuentes describieron como “cautelosamente positivo”, a pesar de que Israel continúa con operaciones de bombardeo, explosiones e incendios de bosques en el sur del Líbano, en un intento de mantener la presión militar hasta el último momento.
Roma: de la negociación a la ejecución
Fuentes políticas informadas confirmaron a “Erem News” que los preparativos han comenzado entre las distintas partes para discutir los expedientes de la retirada israelí, el despliegue del Ejército libanés, la distribución de tareas militares y civiles, y los mecanismos para verificar que las áreas de las que se retire estén libres de cualquier presencia militar perteneciente a Hezbolá.
Señalaron que el Líbano oficial fue notificado de la fecha de la celebración de las negociaciones de Roma, pero hasta ahora no ha recibido ningún dato definitivo sobre las aldeas o localidades que constituirán la primera fase experimental, lo que refleja la persistencia de desacuerdos sobre los mecanismos de implementación más que sobre el principio en sí.
Según las fuentes, el éxito de esta fase determinará el futuro de todo el acuerdo; porque cualquier tropiezo dará a Israel una justificación para aferrarse a la continuación de su presencia militar dentro del territorio libanés.
¿Qué trasladará Hezbolá?
Fuentes militares revelaron a “Erem News” que el plan en el que trabaja el partido no se limita a retirar a los elementos, sino que incluye el traslado de la infraestructura militar presente dentro de las áreas candidatas para el despliegue.
Según las fuentes, el proceso de traslado incluye almacenes de munición mediana y pequeña, salas de mando, control y comunicaciones, plataformas y sitios de lanzamiento previamente utilizados o preparados para su uso, puntos de vigilancia y reconocimiento, además de documentos y equipos técnicos relacionados con la gestión de operaciones.
Añadieron que el objetivo de este paso es impedir que el Ejército libanés llegue a sitios que contengan equipamiento militar del partido, y evitar poner a la institución militar ante una prueba delicada que podría obligarla a confiscar dicho equipamiento o entrar en enfrentamiento directo con los elementos del partido.
Las fuentes militares consideran probable que la mayor parte de estas capacidades sea trasladada al área de Zahrani, que en los últimos meses se ha convertido en una de las áreas más destacadas de reubicación militar del partido tras los ataques israelíes que afectaron a amplias zonas al sur del Litani.
Una prueba para el Estado, no solo para Israel
Las fuentes políticas consideran que la esencia de la próxima fase no se refiere solo a la retirada de Israel, sino a medir la capacidad del Estado libanés para imponer su autoridad dentro de áreas que durante largos años estuvieron prácticamente bajo la influencia militar de Hezbolá.
Añaden que el Ejército libanés no solo estará obligado a izar la bandera y establecer puestos de control, sino también a consolidar su presencia dentro de las aldeas, verificar que los sitios que recibe estén libres de cualquier infraestructura militar, y elevar informes periódicos al comité de supervisión internacional sobre los resultados del despliegue.
Por otro lado, Hezbolá sabe que impedir que el Ejército realice esta misión llevaría al colapso de las negociaciones, y lo colocaría en la posición de la parte que obstaculiza la recuperación de la soberanía por parte del Estado, por lo que ha optado, según las fuentes, por retirar sus herramientas militares antes de la llegada del Ejército, en lugar de enfrentarlo.
¿Tendrá éxito el experimento?
A pesar del ambiente positivo, aún persisten las dudas sobre la postura israelí, ya que Tel Aviv no ha presentado hasta ahora un compromiso claro con un calendario completo para la retirada, y vincula cualquier paso sobre el terreno con el grado de convicción de que el Ejército libanés ha logrado impedir el regreso de Hezbolá a las áreas que el Ejército israelí abandonará.
Las fuentes políticas consideran que Israel intentará utilizar los resultados de la fase experimental para determinar la forma de las fases siguientes, mientras que Hezbolá intentará preservar sus capacidades militares fuera del alcance de esas áreas, lo que le permite evitar el choque con el Ejército por un lado, y mantener su estructura militar por el otro.
Las fuentes concluyen que las áreas experimentales podrían convertirse efectivamente en la primera prueba práctica de la relación entre el Ejército libanés y Hezbolá en años, pero no será una prueba solo para el despliegue del Ejército, sino para medir la disposición del partido a retroceder un paso ante el Estado, aunque sea de forma táctica y temporal, después de que las transformaciones militares y políticas en el sur impusieron ecuaciones que no estaban planteadas antes de la última guerra.
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