Líbano
Un análisis de The Times señala que el acuerdo ruso-sirio limita el uso de la base de Hmeimim, mientras Moscú sufre pérdidas de influencia en Oriente Medio, África, Europa del Este y el Cáucaso Sur.

El diario británico The Times publicó un informe sobre el acuerdo alcanzado entre Rusia y Siria relativo a la permanencia de las fuerzas armadas rusas en territorio sirio. El texto plantea la interrogante sobre si el repliegue estratégico de Vladimir Putin del Oriente Medio marca el fin de la proyección global de Moscú, en un momento en que el Kremlin concentra sus recursos y atención en la guerra en Ucrania.
Según el informe, el acuerdo establece que Rusia conserva derechos restringidos para reabastecer de combustible a sus aeronaves militares en la base aérea de Hmeimim. No obstante, carece de cláusulas que eleven el ánimo de las tropas rusas, según señaló Nikita Smagin, especialista en asuntos iraníes y política rusa en Oriente Medio.
El documento también subraya dudas crecientes sobre la viabilidad futura de las instalaciones militares rusas en Siria como plataforma logística. Hasta hace poco, dichas bases servían para trasladar suministros y personal al «Cuerpo de África», una extensión de la organización Wagner bajo control directo del Kremlin, activa en Libia, Malí, República Centroafricana y otros países del continente.
Hannah Nott, experta en política exterior rusa, afirmó que es improbable que Rusia pueda seguir utilizando sus instalaciones en Siria con fines militares en el futuro, aunque no descartó esa posibilidad de forma absoluta.
En las últimas semanas, el informe identifica una serie de contratiempos acumulados para las aspiraciones globales del Kremlin. Junto con la erosión del régimen de Bashar al-Assad, Moscú no logró impedir que el presidente venezolano Nicolás Maduro cayera bajo custodia de fuerzas especiales estadounidenses. Asimismo, Viktor Orbán, primer ministro húngaro cuyo gobierno era considerado un «caballo de Troya» del Kremlin dentro de la Unión Europea, sufrió una derrota electoral.
El alcance de la influencia rusa ha menguado también en el Cáucaso Sur: Armenia y Azerbaiyán, antiguas repúblicas soviéticas, avanzan hacia una salida definitiva de la órbita de influencia del Kremlin.
Otros aliados tradicionales han emitido señales inquietantes. Serbia, una de las pocas naciones europeas que se abstuvo de imponer sanciones contra Rusia tras su invasión de Ucrania, recibió la semana pasada al presidente ucraniano Volodimir Zelenski. Fue su primera visita a Belgrado desde el inicio de la guerra en 2022.
Un funcionario ucraniano calificó las conversaciones entre Zelenski y el presidente serbio Aleksandar Vučić como una «bofetada» dirigida a Putin, integrada dentro de una estrategia deliberada para alejar a Serbia del eje moscovita.
La visita a Belgrado siguió a una declaración pública del presidente kazajo Kassym-Jomart Tokayev, quien instó directamente a Putin a detener las hostilidades en Ucrania durante unas conversaciones celebradas en la ciudad siberiana de Omsk. Tokayev expresó: «Es lamentable que mueran jóvenes». El informe señala que Putin mostró incomodidad evidente mientras escuchaba al líder kazajo.



